El viático

A los que van a dejar esta vida, la Iglesia ofrece, además de la Unción de los enfermos, la Eucaristía como viático.

Recibida en este momento del paso hacia el Padre, la Comunión del Cuerpo y la Sangre de Cristo tiene una significación y una importancia particulares. Es semilla de vida eterna y poder de resurrección, según las palabras del Señor: "El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día" (Jn 6,54). Puesto que es sacramento de Cristo muerto y resucitado, la Eucaristía es aquí sacramento del paso de la muerte a la vida, de este mundo al Padre (Jn 13,1).

Es el viático la puerta sagrada que nos ofrece la Iglesia y que nos hace pasar de la muerte a la vida. Sacramento, signo visible y eficaz del paso de este mundo al Padre, en el momento de ser entregado a sus manos. Dios constituyó a su hijo Jesucristo en la puerta sagrada de acceso definitivo al cielo para todas las personas.

Así como existe una primera comunión, también hay una última comunión, para que quien ha vencido a la muerte, entre en nuestra casa y nos ofrezca la salvación. La comunión del Cuerpo y la Sangre de Cristo “es semilla de vida eterna y poder de resurrección (CIC 1524). La comunión con el Cuerpo de Cristo nos abre la eternidad del amor “Hoy estarás conmigo en el paraíso”.

Como bautizados tenemos derecho de, antes de abandonar nuestra vida mortal, recibir esta puerta del cielo, el viático, que conduce al encuentro definitivo con el Padre y con todos los santos.

Así, como los sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y de la Eucaristía constituyen una unidad llamada "los sacramentos de la iniciación cristiana", se puede decir que la Penitencia, la Santa Unción y la Eucaristía, en cuanto viático, constituyen, cuando la vida cristiana toca a su fin, "los sacramentos que preparan para entrar en la Patria" o los sacramentos que cierran la peregrinación.

Para recibir el viático, pongase en contacto con alguno de los sacerdotes