Los presbíteros

Los presbíteros (sacerdotes) participan de la función ministerial de los obispos, en grado subordinado, y constituidos en el orden del presbiterado, son los colaboradores del orden episcopal para realizar adecuadamente la misión apostólica confiada por Cristo.

Al estar unidos al obispo, participan de la autoridad con la que el propio Cristo construye, santifica y gobierna su Cuerpo.

Se confiere mediante la ordenación que, mediante la unción del Espíritu Santo, marca a los sacerdotes con un carácter especial, y así quedan configurados con Cristo Sacerdote, de tal manera que puedan actuar como representantes de Cristo Cabeza.

Los presbíteros, aunque no tengan la plenitud del sacerdocio, como tienen los obispos, y dependan de éstos en el ejercicio de sus poderes, sin embargo están unidos a ellos en el honor del sacerdocio y, en virtud del sacramento del Orden, quedan consagrados como verdaderos sacerdotes de la Nueva Alianza, a imagen de Cristo, sumo y eterno Sacerdote para anunciar el Evangelio a los fieles, para apacentarlos y para celebrar el culto divino.

En virtud del sacramento del Orden, los presbíteros participan de la universalidad de la misión confiada por Cristo a los Apóstoles. El don espiritual que recibieron en la ordenación los prepara, no para una misión limitada y restringida, «sino para una misión amplísima y universal de salvación "hasta los extremos del mundo"(Hch 1,8)», dispuestos a predicar el evangelio por todas partes.

Su verdadera función sagrada la ejercen sobre todo en el culto eucarístico. En el, actuando en la persona de Cristo y proclamando su misterio, unen la ofrenda de los fieles al sacrificio de su Cabeza, Cristo; actualizan y aplican en el sacrificio de la misa, hasta la venida del Señor, el único Sacrificio de la Nueva Alianza: el de Cristo, que se ofrece al Padre de una vez para siempre como hostia inmaculada. De este sacrificio único, saca su fuerza todo su ministerio sacerdotal.

Los presbíteros, como colaboradores diligentes de los obispos y ayuda e instrumento suyos, llamados para servir al Pueblo de Dios, forman con su obispo un único presbiterio, dedicado a diversas tareas. En cada una de las comunidades locales de fieles hacen presente de alguna manera a su obispo, al que están unidos con confianza y magnanimidad; participan en sus funciones y preocupaciones y las llevan a la práctica cada día. Los presbíteros sólo pueden ejercer su ministerio en dependencia del obispo y en comunión con él. La promesa de obediencia que hacen al obispo en el momento de la ordenación y el beso de paz del obispo al fin de la liturgia de la ordenación significa que el obispo los considera como sus colaboradores, sus hijos, sus hermanos y sus amigos y que a su vez ellos le deben amor y obediencia.

Los presbíteros, instituidos por la ordenación en el orden del presbiterado, están unidos todos entre sí por la íntima fraternidad del sacramento. Forman un único presbiterio especialmente en la diócesis a cuyo servicio se dedican bajo la dirección de su obispo. La unidad del presbiterio encuentra una expresión litúrgica en la costumbre de que los presbíteros impongan a su vez las manos, después del obispo, durante el rito de la ordenación.
 

Presbyterorum Ordinis sobre el ministerio y vida de los presbíteros

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