Sábado, 19 Noviembre 2016 19:47

Diego el bueno

El pasado viernes murió nuestro hermano Diego, persona muy querida en nuestra comunidad.

Ha sido persona constante en su dedicación al servicio de los demás.

Participando de múltiples actividades y grupos parroquiales, su vocación al servicio se materializó de forma singular en la Palabra de Dios y al altar. En el primero de los casos era ejemplar su modo de proclamar la Palabra, con claridad y solemnidad, lo que favorecía el fin de su ministerio de lector, que el mensaje fuese escuchado; mientras que en su ministerio de acólito en el servicio al altar, favorecía el desenvolvimiento de la celebración, contribuyendo a dignificarla como a la Eucaristía corresponde.

Y no solo en nuestra parroquia, la catedral fue también lugar para ejercer su ministerio de forma constante, pues hasta el final de su vida participó en sus celebraciones dominicales.

No podemos olvidar como dirigía el rezo del rosario en aquellos tiempos en que por motivo de la festividad, se rezaba comunitariamente en nuestra parroquia antes de las misas.

Persona familiar, profundamente enamorado de su esposa, solícito padre y abuelo tuvo siempre una sonrisa para aquel con que se cruzaba.

Ahora lo encomendamos a la misericordia de Dios. Los seguidores de Jesús no nos limitamos a asistir pasivamente al hecho de la muerte. Confiando en Cristo resucitado, lo acompañamos con amor y con nuestra oración en este misterioso encuentro con Dios.

Pedimos a Dios que, al igual que en su vida ofrecía al Señor incienso en las celebraciones litúrgica, esté ahora acogido en el cielo y pueda ofrecer el incienso de su vida como ofrenda agradable a la Santa Trinidad.

                                  

Dichosos los muertos que mueren en el Señor. Desde ahora sí, –dice el Espíritu-, que descansen de sus fatigas, porque sus obras los acompañan.” Apocalipsis

 

 

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