Lunes, 09 Enero 2017 20:00

La sencillez y lo cotidiano del día a día

Terminadas las fiestas de Pascua de la Navidad, con el domingo del Bautismo del Señor, comienza el TIEMPO ORDINARIO, el cual la Iglesia desarrolla el misterio pascual de Cristo de un modo progresivo y profundo; y, si cabe, con mayor naturalidad aún que otros tiempos litúrgicos, cuyo contenido está a veces demasiado polarizado por una temática muy concreta.

Puede parecer que TIEMPO ORDINARIO es un título poco sugerente, pero refleja claramente lo que somos nosotros: la sencillez y lo cotidiano del día a día. Normalmente no tenemos cada día grandes metas

 o emociones, sino que seguimos un patrón más o menos hecho, como es trabajar, estudiar, descansar, etc. Así, en la liturgia, vivimos estas largas semanas sin celebrar ninguna grande festividad, sino que vamos contemplando día a día el misterio de la salvación y la vida y el ministerio de Jesús.

Para nosotros bautizados y confirmados que acudimos en cada domingo a celebrar la eucaristía, el TIEMPO ORDINARIO significa un programa continuado de penetración en el misterio de salvación siguiendo la existencia humana de Jesús a través de los evangelios, contenido principal y esencial de la celebración litúrgica de la iglesia.

El TIEMPO ORDINARIO comienza el lunes siguiente al domingo del Bautismo del Señor (9 de enero de 2017) y se extiende hasta el día anterior al miércoles de ceniza (28 de febrero de 2017), para reanudarse de nuevo el lunes después del Domingo de Pentecostés (5 de junio de 2017) y terminar el sábado 2 de diciembre de 2017, antes de las primeras vísperas del Domingo I de Adviento.

El hecho de que el TIEMPO ORDINARIO comience a continuación de la fiesta del Bautismo del Señor permite apreciar el valor que tiene para la liturgia el desarrollo progresivo, episodio tras episodio, de la vida histórica entera de Jesús siguiendo la narración de los evangelios. Éstos, dejando aparte los capítulos de Mateo y Lucas sobre la infancia de Jesús, comienzan con lo que se denomina el ministerio público del Señor.

Cada episodio evangélico es un paso para penetrar en el misterio de Cristo; un momento de su vida histórica que tiene un contenido concreto en el hoy litúrgico de la iglesia, y que se cumple en la celebración de acuerdo con la ley de la presencia actualizadora de la salvación en el aquí-ahora-para nosotros.

Por eso puede decirse que en el TIEMPO ORDINARIO la lectura evangélica adquiere un relieve mayor que en otros tiempos litúrgicos, debido a que en ella Cristo se presenta en su palabra dentro de la historia concreta sin otra finalidad que la de mostrarse a sí mismo en su vida terrena, reclamando de los hombres la fe en la salvación que él fue realizando día a día.

En definitiva, es vivir cada día nuestra fe con sencillez pero con convencimiento. Estas semanas del tiempo ordinario nos ayudan a entender la historia de la salvación manifestada plenamente en Jesucristo. El color litúrgico es el verde.
 

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