Martes, 27 Diciembre 2016 18:50

Un momento de paz en Navidad

En medio del ajetreo de estos días de la Navidad del Señor, sin duda es bueno encontrar un rato para entrar en la iglesia y tener momentos de silencio y paz, y para encontrar también un espacio de oración.

Ponte ante Dios manifiéstale tu amor y tu confianza, y pídele su ayuda en las dificultades de la vida, dale gracias, y dile que necesitas fuerzas para ser cada día más fiel al camino del Evangelio.

Nuestra parroquia está preparada con motivos navideños que seguro te ayudarán a mantener momentos de oración, 

ante nuestra titular Sta. Mª del Mayor Dolor, ante en belén o ante la Eucaristía reservada en el sagrario, en la seguridad de que el rato que regales al Señor, será multiplicado por la paz con la que Él llenará tu vida.

Te dejamos dos oraciones por si te ayudan a manifestarle tu amor y confianza y la galería de fotos de nuestra parroquia en Navidad.

 

Dicen que se ve distinto

Dicen por ahí
que si hay Dios está lejos
que el amor no funciona,
que la paz es un sueño
que la guerra es eterna,
y que el fuerte es el dueño
que silencia al cobarde
y domina al pequeño

Pero un ángel ha dicho
que esta cerca de mi
quien cambia todo esto,
tan frágil y tan grande,
tan débil y tan nuestro.
Dicen que está en las calles,
que hay que reconocerlo
en esta misma carne,
desnudo como un verso,
que quien llega a encontrarlo
ve desvanecerse el miedo,
ve que se secan las lagrimas
ve nueva vida en lo yermo.

Dicen por ahí
que si hay Dios está lejos,
pero tú y yo sabemos,
que está cerca, en tu hermano,
… y está en ti muy adentro
                  José María R. Olaizola sj.

Encarnación

A mi medida.
¡Tan débil como yo,
tan pobre y solo!
Tan cansado, Señor, y tan dolido
del dolor de los hombres!
Tan hambriento del querer de tu Padre (Jn 4,34)
y tan sediento, Señor, de que te beban... (Jn 7,37)

Tu, que eres la fuerza y la verdad,
la vida y el camino;
y hablas el lenguaje de todo lo que existe,
de todos lo que somos.

Sacias la sed, la nuestra y la del campo,
sentado junto al pozo de los hombres.
Arrimas tu hombro cansado a mi cansancio
y me alargas la mano cuando la fe vacila
y siento que me hundo.

Tu, que aprendes lo que sabes,
y aprendes a llorar y a reir como nosotros

Tu, Dios, Tu, hombre,
Tu, mujer, Tu, anciano,
Tu, niño y joven,
Tu, siervo voluntario,
siervo último
siervo de todos...
Tu, nuestro.
Tu, nosotros!
                    Ignacio Iglesias, s.j.

 
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