El "AMÉN" que decimos al recibir la comunión

Al recibir la comunión, a veces alguien dice "así sea", queriendo traducir la palabra "amén", pero dándole un sentido poco acertado, porque materialmente expresa que desearía que el pan que recibe sea el Cuerpo de Cristo, pero que no tiene la certeza. Otros dicen "gracias"; está bien el agradecimiento. Pero tanto si va dirigido al ministro por el hecho de que le da la comunión, como si va dirigido al Cristo por habernos dejado la Eucaristía, tampoco es lo más adecuado en ese momento.

Cuando el que da la comunión nos dice "el Cuerpo de Cristo" nosotros respondemos "amén". Y recordémoslo: "amén" quiere decir "sí", "lo ratifico". Por lo tanto, el "amén" que decimos al recibir la comunión es una profesión de fe en la presencia de Jesucristo resucitado en el pan y el vino consagrados.

Se nos dice "el Cuerpo de Cristo" y nosotros respondemos diciendo que creemos que lo es. Pero, hay más. San Agustín, el Padre de la Iglesia que he citado antes, hace un comentario que enriquece nuestro "amén" de la comunión. Nosotros, por el bautismo formamos parte del cuerpo espiritual de Cristo que es la Iglesia (cf. 1Cor 12, 17). Pues bien. San Agustín dice que con el "amén" reconocemos el Cuerpo de Cristo presente en el sacramento y a la vez afirmamos que nosotros también somos Cuerpo de Cristo; y concluye: vivid, pues, como miembros del Cuerpo eclesial para que vuestro "amén" sea verdad (cf. Sermón, 272). Efectivamente, es inseparable la comunión con el Cuerpo sacramental y la comunión con el Cuerpo eclesial. Con el "amén" de la comunión expresamos nuestra realidad de bautizados y de miembros de la Iglesia y confesamos nuestra fe en Cristo presente en el sacramento de la Eucaristía. Por eso, cada celebración eucarística es para nuestros una gran alegría y un compromiso muy serio ante Dios y ante los hermanos. Que nuestro "amén", pues, sea bien vibrante para que lo sea también nuestra vida de cristianos que se nutre en la mesa del Señor.

Josep María Soler, Abad de Monserrat