El Día del Señor

«No podemos existir sin el día del Señor».

No es un mandato de la Iglesia, como algo externo; es expresión de un deber interior y de un querer al mismo tiempo. Celebramos el día de la Resurrección, el día de nuestra liberación definitiva en Cristo Jesús, es el “visto bueno” de Dios a la creación, asumiéndola en sí mismo y transformándola, más allá de su caducidad, en lo permanente.

La Resurrección es un presente que no acaba nunca jamás y en la Eucaristía dominical se hace presente de una forma singular, de modo que en el Resucitado Dios sigue conservando su poder en la historia, frente a la muerte, y no lo cede a las leyes de la naturaleza.