Sábado, 08 Febrero 2020 20:41

VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO A

Lecturas dominicales

La persona de Jesucristo es la realización en plenitud de una vida totalmente orientada desde Dios, desde el amor. Él encarna la ley nueva que nace con el Evangelio: “Amaos como yo os he amado” (Jn 13, 34).

Ley antigua era la ley del temor, la ley nueva es la ley del amor. La ley nueva supone, ante todo, obrar movidos por el amor. El amor de Dios nos lleva a aceptar su gracia transformadora.

Los cristianos nos hemos liberado de la carga ritualista porque Jesús nos ha enseñado que eso es secundario, pero si olvidamos que el mandamiento principal es amar como Cristo amó, sólo podremos ser motivo de escándalo para los demás.

La pureza de corazón no se logra por la adecuación de nuestra voluntad a una norma, sino desde la aceptación de la gracia de Dios en nuestras vidas. Es un don que recibimos por la fe.

Que nuestra voluntad se aúne y coopere con la gracia de Dios. Que seamos insistentes en pedirle a Dios que nos ayude a vivir como Jesús vivió.

 

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