Viernes, 10 Enero 2020 12:52

II Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A

“Éste es el Cordero de Dios, que quita los sufrimientos del mundo.”

Los pecados del mundo son los valores y contravalores que tomamos como normas y con los que actuamos, que terminan poniéndose en contra del desarrollo de la persona humana, privilegiando a unos a costa de otros que van relegando a la marginación y al olvido.

Hoy son, principalmente aquellos por lo que se paga un precio monetario o como fuente de salud y de placeres de los sentidos. Aquí es donde se origina el mayor pecado de nuestro mundo: linchamiento y muertes de personas, lucro ilimitado, desecho de las personas que están excluidas por la economía competitiva, la inmigración, la mentira, el egoísmo, etc.

Jesús creó un movimiento, en el que quien desee identificarse con él ha de seguir su mismo camino de salvación de los contravalores que sufre la gente de su alrededor.

La gloria de Dios es el servicio a los pobres. A Dios se le ofende, ofendiendo a los más humildes de la tierra. Por eso, el pecado no es otra cosa que las inhumanidades que causamos en los demás.

 

 

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