Domingo, 05 Enero 2020 20:20

El Bautismo del Señor

Lecturas dominicales

Es el momento de vivir como bautizados.

Tenemos la certeza de que el misterio de Dios se ha hecho y se hace presente día a día entre nosotros, en nuestra historia. Jesús, el Hijo de Dios se hizo uno como nosotros.

Y porque creemos en Él, tenemos una misión a imagen de la de Jesús, trabajar por implantar el derecho y la justicia, dignificando especialmente la vida de todos aquellos que nos encontramos en nuestro camino.

Como Jesús debemos empeñarnos en dignificar la vida de todos aquellos con quienes nos encontremos por los caminos de nuestra propia Galilea y que vivan sin la dignidad y sin los medios y la felicidad que nuestro Padre quiere para sus hijas e hijos.

Optemos por este mundo nuevo y una nueva humanidad, apostando por esta nueva forma de entendernos y de relacionarnos los seres humanos, y sobre todo desde el esfuerzo por instaurar la fraternidad universal que hará presente el Reino de Dios en nuestro mundo.

No olvidemos el gran regalo que es el sacramento del bautismo que recibimos en su día, desbrozando el camino para que cada vez la gracia del mismo brille en nuestras vidas. San Gregorio Naciancieno decía que es “el más bello y el más sublime de los dones de Dios”.

Caer en la cuenta de nuestra condición de bautizados debería instarnos a vivir siempre dando gracias y buscando caminos de coherencia en conformidad con nuestra condición de discípulos y seguidores de Jesús.

Busquemos siempre caminos de coherencia. Hoy los ungidos por el Espíritu de Dios somos nosotros, los creyentes cristianos, y nuestra misión es la misma que dinamizó toda la vida del Señor Jesús. Al igual que Él, también nosotros deberíamos pasar por el mundo haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por cualquier tipo de mal. Bautizados en el nombre de Cristo Jesús, fieles a su mismo Espíritu, también nosotros cada día hemos de enarbolar la búsqueda del derecho y de la justicia para tantos seres humanos que carecen de ambos.

Tengamos presente cada día configurarnos más y más con Cristo y desde nuestra comunión bautismal con Él, vayamos impulsando el resurgir de la nueva humanidad cuyo motor es el amor mismo del Padre hacia todo ser humano.

 

 
 

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