Lunes, 14 Enero 2019 19:07

V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO C, 10 DE FEBRERO DE 2019

Lecturas dominicales

El domingo pasado leíamos el incidente en la sinagoga de Nazaret, a continuación, Lucas presenta a Jesús predicando y haciendo milagros en la ciudad de Cafarnaúm, distante unos 50 km de su ciudad natal. Cafarnaúm estaba situada a la orilla del lago de Genesaret, conocido también como mar de Galilea o Tiberíades. Cafarnaúm era una ciudad pequeña bien comunicada con otras zonas de la región y cerca de la frontera norte de Galilea. Esta situación geografía deba origen a la principal actividad económica de su población, la pesca.

Hoy la liturgia nos situá en la vocación de los primeros discípulos, centrándose mas en la figura de Pedro y el texto lo podríamos llamar "La vocación de Pedro". Este texto de la llamada de los primeros apóstoles es tratado de forma diferente en los evangelios, aunque en Lucas aparece mas elaborado. Lucas ha preparado una catequesis, a partir de un relato de vocación, englobado con el relato del milagro de la pesca.

El texto que Lucas nos narra presenta a Jesús una mañana predicando a la orilla del lago cuando los pescadores han vuelto de su faena, si la pesca era buena vendían sus productos y preparaban los aparejos para el día siguiente. Lucas nos cuenta que eran tantos los que lo rodeaban que Jesús decide subirse a la barca de Pedro y pedirle que le distancie un poco de la orilla para poder comunicarse mejor con sus oyentes. Cuando ha terminado su enseñanza se fija en el patrón de la embarcación: un hombre tosco y curtido por el sol de Galilea. Pero Jesús vio más allá de las facciones físicas. Vio un hombre de fe, un hombre bueno. Y le anima a que entre en el lago y eche las redes para pescar de nuevo.

Recordemos que el evangelista no informa del tema de la predicación de Jesús, solo se limita a decir que hablaba sobre la palabra de Dios, como había hecho en Nazaret. Pero con una particularidad ya no lo hacía en un espacio religioso la "sinagoga", sino en un lugar público de trabajo y ante gente de distinta categoría.

La petición a Pedro va contra toda lógica y la respuesta de Pedro no se hace esperar (este trabajo se realizaba normalmente durante la noche o en las primeras horas de la mañana) ha estado con sus compañeros toda la noche faenando y no han pescado nada. Pero la palabra de Jesús le merece mucha consideración, y contesta con esas palabras que son, a la vez, una confesión de fe: “por tu palabra echaré las redes”. "Esto es la fe, fiarse totalmente de Dios, aún cuando todo parece en contra".

El resultado de esta pesca va a superar sobradamente todas las expectativas. Fue una pesca tan abundante, que por poco se hunden las barcas. Ahora, Pedro se arrodilla ante Jesús y le pide perdón. El quizás obedeció la palabra de Jesús pero sin estar totalmente convencido. Pero ahora ya ha desaparecido toda duda. Sorprendido por la enorme pesca obtenida, "se echó a los pies de Jesús" y con una sencillez extraordinaria le dice: "Señor apártate de mí, que soy un hombre pecador".

Pedro reconoce ante todo su pecado y su absoluta ruindad para convivir próximo con Jesús. Pero Jesús no solo no reprocha a Pedro su fe vacilante sino que lo proclama para su misión, a él y a Santiago y Juan. Jesús busca a hombres y mujeres aptos de fiarse de Dios y de admitir la propia fragilidad.

El relato finaliza diciendo que Pedro y sus compañeros de trabajo, sacaron las barcas a tierra lo dejaron todo y le siguieron. Recordemos que la barca simboliza la misión de la comunidad y dentro de ella, Pedro ocupa un lugar destacado. El mensaje de Lucas se centra, en la necesidad de obedecer la palabra de Jesús, si se quiere que la tarea de la comunidad sea provechosa. Siguiendo la invitación de Jesús, ahora van a hacer lo mismo que han estado haciendo, sólo que apoyados en la "palabra del Maestro".

Jesús hoy nos invita a no quedarnos parados en la orilla de nuestra vida. Pedro, Santiago y Juan y muchos otros hombres y mujeres se animaron a subirse a la barca de Jesús y remar mar adentro y empeñaron en esta tarea su vida. En nuestra Iglesia, Parroquias, Grupos, debemos siempre "Remar mar adentro", profundizando en el evangelio como norma de vida. Jesús siempre nos invita a expandir la vida, a arriesgar por caminos inexplorados, a "remar más allá, más adentro, más profundo".

Seguro que ninguno de nosotros ha tenido la experiencia de ser llamado por Dios, como Pedro, Santiago y Juan, desde la cercanía de su presencia. Nosotros lo seguimos desde la fe “sin ver al Señor ni oír su voz” Pero Dios se ha valido de otras “voces” para llamarnos. La invitación que hace el Señor a Pedro de echar las redes es la invitación que hoy nos hace a nosotros, para reflexionar como estamos viviendo nuestra vida de fe.

Recordemos que el mayor enemigo de nuestra fe, no son las dudas, ni la increencia que decimos que hay en nuestro mundo, es el no manifestar públicamente nuestra fe. Debemos perder el miedo: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”, al fin y al cabo, el que dirige la pesca es Jesucristo y nosotros actuamos en su nombre.

 

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