Lunes, 14 Enero 2019 18:57

IV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO C, 3 DE FEBRERO DE 2019

Lecturas dominicales

En este 4˚ Domingo del Tiempo Ordinario, el texto nos muestra el conflicto surgido entre Jesús y sus paisanos de Nazaret. Todo sucedió un sábado, en la sinagoga, durante la celebración de la Palabra con la comunidad. Si recordamos lo que leíamos el domingo pasado, Jesús llega a la sinagoga de su pueblo y lee un trozo del profeta Isaías; pero cuando llega al pasaje "el año de gracia del Señor ", corta la lectura sin leer lo que sigue en el texto, que dice: "...y un día de venganza para nuestro Dios" Recordemos que todos los presentes conocían perfectamente el texto y muestran su disconformidad con la mutilación que hace Jesús.

Todos están muy atentos: “¿Qué dirá?” Pero el comentario de Jesús es muy breve,  brevísimo. Modifica el texto, lo une a la vida de la gente, diciendo: “Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír ”. El texto encuentra sentido completo si no se olvida la trama inmediata: basándose en la Escritura, Jesús acaba de proclamarse el ejecutor de las promesas divinas. Él no lee sólo la Escritura, ni sólo la comenta: Él la "cumple". Tubo la osadía de presentarse como quien cumple la Escritura que les ha leído, como quien trae consigo una gran oportunidad de gracia, como quien aporta toda la esperanza de salvación que el pueblo de Dios (Israel) venía sosteniendo desde antiguo.

En un primer momento, todos permanecieron admirados y contentos. Ante las palabras de Isaías sus paisanos no tienen nada que replicar, la habían escuchado muchas veces. Pero no creían que en Jesús, se personificara esa profecía. Decían, aquí en Nazaret no le hemos visto hacer grandes curaciones ni milagros…que las haga y le creeremos. La reacción de los paisanos tiene una causa más profunda. Incluso si Jesús hubiera hecho las mismas cosas que en Cafarnaún, la gente no habría creído en él.Ellos conocían bien a Jesús: “¿Quién es éste para enseñarnos? ¿No es el hijo de José?” (Lc 4,22). La única razón que dan los de su pueblo para rechazar las pretensiones de Jesús, es que no es más que uno del pueblo, conocido de todos. De esta forma la reacción de sus paisanos no pudo ser más lógica. Se preguntaban, cómo uno de los nuestros, uno a quien tan bien conocemos, un hijo del pueblo, el hijo de José, se atrevía a presentarse como el realizador de las promesas de Dios. Entonces se dieron cuenta del alcance y del significado del programa de Jesús respecto a sus vidas, se rebelan y quieren matarlo.

Ellos querían que el Día de la venida del reino fuese un día de venganza contra los opresores del pueblo. Jesús no acepta este modo de pensar, no quiere la venganza. Su experiencia de Dios, Padre, le ayudaba mejor a entender el significado exacto de las profecías.

Pero lo que mas molestó a los paisanos de Jesús fue que Jesús mencionó el ejemplo de dos extranjeros, Naamán y una viuda, que, sí, fueron capaces de entender la palabra de los profetas. Y se dejaron guiar de lo que Dios les decía por boca de los profetas. El testimonio de sus paisanos no es favorable sino contrario. Y lo es porque Jesús se atreve a anunciar la salvación, no solamente de su pueblo, sino del hombre, de cualquier hombre, de "todos los hombres". Los judíos de aquel tiempo, lo que esperaban de Dios era una salvación del pueblo judío pero a costa de todos los demás. Lo que propone Jesús es una liberación para todos. Esto era inaceptable para un judío.

Con estos ejemplos Jesús dejaba en entredicho a sus paisanos: Muy religiosos por fuera y cumplidores con el culto en la sinagoga, pero no eran capaces de abrir su corazón a Dios. La rabia les llevó a la tentación de eliminar al que te dice la verdad y denuncia tu miseria, osea acabar con Jesús.

La primera oposición que sufre Jesús en este evangelio, no viene de los sumos sacerdotes ni de los escribas o fariseos, sino del pueblo sencillo. Sus paisanos ven que no va a responder a sus perspectivas del judaísmo oficial, y se enfadan. Ellos no pueden aceptar un mesianismo para todos. Ellos esperaban un Mesías poderoso que les iba a liberar de la opresión de los romanos y de todos los problemas materiales. Si Jesús se presenta como tal liberador, ellos tenían que ser los primeros beneficiarios de ese poder. Cuando descubren que no va a ser así, atacan contra él con toda sus fuerzas.

Jesús se retiró a tiempo. Era su pueblo. Jesús quería mucho a su gente, a pesar de la dureza de su corazón. Pero la lección ya estaba dada. Seguro que algunos, reflexionando posteriormente, entenderían queante Dios la mejor arma es un corazón humilde.

En cualquier momento a nosotros nos puede pasar lo que a los paisanos de Jesús. Mientras sigamos pensando que Dios me ama porque soy bueno, nadie nos demostrara  que debemos amar al que no lo es. Si llegáramos a descubrir que Dios nos ama sin merecerlo, y a pesar de lo que somos, tal vez podríamos entrar en el camino del amor que Jesús predicó.

Tenemos que pensar que, por dar a Dios por conocido, podemos estar perdiendo la ocasión de conocerle de verdad: Precisamente los paisanos de Jesús perdieron esa oportunidad, porque creyeron conocerle bien. Ese mismo peligro estamos corriendo nosotros cuando nos acostumbramos a Dios y lo hacemos tan familiar que no nos podemos creer cuanto nos promete.

"¿Nos hemos parado a pensar que sin amor no somos nada?"Ahora bien, el único amor del que podemos hablar es el amor a los demás. Sin éste, el amor que creemos tener a Dios, es un fraude. La pregunta que tengo que contestar es "¿Amo?" Sin amor, todos los ritos, ceremonias, oraciones, normas cumplidas, sacrificios, no sirven de nada. Toda nuestra vida cristiana se convertirá en incoherente si tenemos que aceptar que no hemos llegado al verdadero amor.

Quizás también nos puede pasar a nosotros, que le pidamos a Jesús que haga algún milagro para poder creer en él, como sus paisanos. Reflexionemos. "¿No es suficiente milagro, tu vida, tu fe, tus caídas y tus fuerzas para volver a empezar?"

 

 

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