Jueves, 20 Diciembre 2018 18:27

II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO C, 20 DE ENERO DE 2019

Lecturas dominicales

A continuación de la fiesta del bautismo de Jesús, en el Evangelio de Juan, de este II Domingo del Tiempo Ordinario reflexionamos con el episodio de las bodas de Caná. Estas bodas de Caná son conocidas como el acontecimiento donde tiene lugar el primer "signo". El evangelista Juan no dice que Jesús hizo "milagros" o "prodigios". Él los llama "signos" porque son gestos que señalan hacia algo más recóndito de lo que pueden ver nuestros ojos. Esto que sucedió en Caná de Galilea es el principio de todos los "signos". Y sera la pauta de los que Jesús irá llevando a cabo a lo largo de su vida. En esa "transformación del agua en vino" Jesús nos orienta hacia su persona y nos descubre su fuerza salvadora.

La fiesta de las bodas de Caná, así como está descrita en el evangelio de Juan (Jn 2,1-12), ha sobrevivido en el recuerdo del pueblo cristiano. De hecho esta situada en la primera semana del ministerio de Jesús. Recordemos que los relatos de los evangelios que han llegado a nosotros tuvieron un largo camino hasta quedar configurados en la forma en que hoy los leemos. En origen fueron textos recordados oralmente, transformados a las diferentes situaciones de las primeras comunidades. Para entender el significado de las Bodas de Caná, debemos recordar que el Evangelio de Juan es diferente de los otros evangelios. Juan especifica los hechos de la vida de Jesús de tal manera que nosotros descubramos en ellos una faceta más profunda, que sólo con la fe se consigue entender.

Con este texto de hoy Juan inicia lo que se ha llamado "el Libro de los Signos". Juan recoge solamente siete "signos", siete milagros de Jesús, y éste es el primero. Los otros seis son: el funcionario real, el paralítico de Betseda, la multiplicación de los panes, camina sobre el mar, el ciego de nacimiento, la resurrección de Lázaro. Las bodas de Caná, el paralítico de Betseda, el ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro no están recogidos en los sinópticos. Como ya hemos visto a Juan no le gustan los milagros. No le gustan las personas, que piden pruebas para creer. Por eso cuenta muy pocos milagros, para señalar su aspecto simbólico: Jesús trae la alegría de la nueva relación con Dios ("boda de Caná"), es el pan de vida ("multiplicación de los panes"), la luz del mundo ("ciego de nacimiento"), la resurrección y la vida ("Lázaro").

Aunque aparentemente no era su plan, el Señor se hace sentir en algo cotidiano: el relato ocurre en el marco de una boda, la fiesta humana por excelencia, el símbolo más expresivo del amor. Pero no deja de ser extraño que siendo una boda, casi no se habla de los novios, en particular la novia ni se menciona, al final solamente el novio recibe la recriminación del mayordomo por guardar el vino bueno para el final. Si leemos el texto con atención, nos damos cuenta de los "avisos" del evangelista, para indicarnos su carácter simbólico y evitar entenderlo de forma literal: ¿Por que en una fiesta de boda no había vino suficiente? ¿Por que no se da cuenta el mayordomo y si una invitada ("María")? ¿Como Jesús cuando se dirige a su madre no la llama madre sino "mujer"? Esta misma manera utilizará en la cruz cuando la encomienda a su mejor discípulo.

Estamos en una pequeña localidad de Galilea, Caná. El asunto una boda, a la que ha sido invitada María y Jesús con sus discípulos. Pero la alegría de esta fiesta pronto se empobrece: falta el vino. María advierte esta situación y acude a su hijo. Lo que nos encontramos en este primer "signo", es que Jesús lo hace a disgusto, poniendo excusas. La madre de Jesús le dijo: "no les queda vino". Jesús le contestó: ("Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora"). La hora de Jesús es su muerte y resurrección. Solamente en ese momento, en esta “hora” el misterio de Jesús llegará a su plenitud.

Pocas palabras encontramos en los Evangelios tan contundentes como éstas: “Haced lo que Él os diga“. El signo lo hace por la presión de su madre, que no piensa ni en los planes de Dios ni en la hora de Jesús, "María parece decirle que él no ha venido para observar rigurosamente su hora, cuando hay gente que lo pasa mal". María en realidad no le dice nada, porque está convencida que terminará haciendo lo que ella quiere. Y ha dejado el problema en manos de Dios.

Recordemos que estamos al inicio del ministerio público de Jesús, por eso Él mismo le dice a su madre que no ha llegado el momento de su manifestación pública y total. Jesús irá mostrando poco a poco su identidad y por eso va a realizar este primer signo.

Juan es el único evangelista que situá a María al pie de la cruz, el único que introduce en el texto las palabras de Jesús: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”, “Ahí tienes a tu madre”. Que maravilla, Juan abre y cierra la vida pública de Jesús con la figura de María. Cuando pensamos en lo que hace en la boda de Caná, debemos reconocer que Jesús nos dejó en buenas manos. "Hagamos caso a María. Miremos a Jesús e imitemos su vida".

Hay muchas personas en tu barrio, que se les acabo el “vino”. Sal, busca, ponte en camino y acompaña para que otros se encuentren con el que puede cambiar su “agua” en “vino”.

 

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