Jueves, 20 Diciembre 2018 17:56

EL BAUTISMO DEL SEÑOR, CICLO C, 13 DE ENERO DE 2019

Lecturas dominicales

Hoy celebra la Iglesia la solemnidad del Bautismo del Señor, en este segundo domingo de enero, terminando así el tiempo de Navidad para abrirse paso al Tiempo Ordinario de nuestro Año Litúrgico. En la Navidad y Epifanía hemos celebrado el acontecimiento más concluyente de la historia del mundo religioso: manifestándose Dios con nosotros y nosotros con Dios, que ha hecho una elección por nuestra humanidad,"por cada uno de nosotros", y se ha revelado como Aquél que nunca nos abandonará siendo esta la esencia de la Navidad ayer, hoy y siempre.

Hemos pasado de la Navidad, donde traemos a la memoria la encarnación, a esta otra festividad donde se marca el inicio de la vida pública de Jesús. En esta fiesta del Bautismo de Jesús continúa la etapa de las manifestaciones del Señor, que dieron comienzo con el nacimiento en Belén, con María, José y los pastores junto al pesebre, con una fase muy importante en la Epifanía, cuando el Mesías, se manifestó a todos los pueblos de la tierra.

Los cuatro evangelistas dejan testimonio de la presencia de Jesús en el Jordán, en el ámbito del Bautista, y la manifestación del Espíritu que allí tuvo lugar. El bautismo de Jesús tiene un fondo manifiesto. Recordemos que los evangelistas Marcos y Juan no saben nada de la infancia de Jesús y comienzan su evangelio precisamente con el bautismo.

Algún detalle a tener en cuenta: En primer lugar, cuando encontramos a Jesús, en la escena de su bautismo, "esta en oración". Cuando Jesús se pone en oración está en la presencia de su Padre y nos está indicando que en este momento tan fundamental de su vida, Él está estrechamente unido a su Padre. En segundo lugar es que Jesús fue bautizado "en un bautismo general", lo hace como uno más; sin buscar privilegio, la humildad ha sido su distintivo desde que nació. Jesús no se aísla de la suerte de su pueblo, también ahora quiere estar a su lado, no busca privilegios, se mezcla con la gente más necesitada. Esta gente, este pueblo, era el que esperaba profundamente a Jesús.

A Jesús lo encontramos junto al Bautista, a quien acude gran número de personas, en las orillas del Jordán, Jesús allí es donde se proclama a Juan y al pueblo de Israel. Siendo la primera vez que aparece en el escenario publico después de haber dejado Nazaret. En el pasaje evangélico que se acaba de proclamar, el evangelista Lucas observa ante todo que el pueblo estaba "a la espera"  "expectante"(Lc 3, 15).

Juan el Bautista no consiente que la gente lo confunda con el Mesías. Conoce sus límites y reconoce que hay alguien más fuerte y decisivo que él. Juan, de nuevo, nos da una catequesis de humildad. El Bautista delante del mesías que viene se siente siervo, y el más humilde e indigno: “yo no merezco desatarle la correa de sus sandalias”. Se consideraba tan poca cosa que ni siquiera se merece desatar la correa de sus sandalias, al que puede más que él.Este es el gesto propio que se deja para el esclavo.

El corto texto del evangelio que hemos leído hoy nos ofrece dos testimonios: El primero producido por las preguntas de la gente a la predicación y al bautismo de conversión de Juan: ¿No será quizás éste el mesías? (3,15). Juan responde que hay una diferencia esencial entre el bautismo con agua realizado por él y aquel en “Espíritu Santo y fuego” administrado por Jesús (3,16). El segundo testimonio desciende del cielo cuando en el momento del bautismo de Jesús: se abren los cielos, el Espíritu desciende sobre él y se oye una voz que anuncia la identidad de Jesús. "Tú eres mí Hijo, el amado; en ti me complazco" (3,22).

Fueron los ángeles los que llevaron a los pastores el anuncio del nacimiento del Salvador, y la estrella guió a los Magos llegados de Oriente, pero ahora es la voz misma del Padre la que orienta a los hombres la presencia de su Hijo en el mundo y nos hace mirar a la resurrección. Recordemos que esta vez es Dios mismo, y no Juan, el que diseña la imagen de Cristo con palabras solemnes: “Tú eres mi Hijo el predilecto, en ti me complazco”. Es una manifestación de fondo Trinitaria donde actúan el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

El texto del bautismo de Jesús que la liturgia de este domingo nos llama a meditar toca una pregunta decisiva de nuestra fe: ¿"Quién es Jesús"?  Esta pregunta ha obtenido en el tiempo de Jesús y a lo largo de la historia multitud de respuestas como tentativa del hombre y del creyente de acercarse al misterio de la persona de Jesús. Lucas cuando especifica la escena del bautismo de Cristo en las aguas del Jordán, no pretende  comunicarnos detalles históricos o concretos sobre lo sucedido, pero si darnos a nosotros,  los primeros fundamentos para comprender la identidad de Jesús. El texto quiere resaltar que el verdadero protagonista de la acción, no es un hombre, ni Juan, sino Dios mismo.

Como hemos comentado las fiestas de Navidad, Epifanía y el Bautismo se completan, ya que nos hablan de la revelación de Dios por el Hijo y hoy ademas en el Espíritu. En el texto de hoy aparece toda la comunidad trinitaria: la voz del cielo (el Padre), la paloma (el Espíritu) y el Hijo. No es por lo tanto un relato cualquiera, sino un momento inicial y central en la vida de Jesús.

El interés de estos textos está, más que en los hechos histórico, en la manifestación del Espíritu, que nos muestra, en el comienzo mismo de la vida pública "Quien es Jesús".

 

Artículos relacionados (por etiqueta)

Parroquia de Nuestra Señora del Mayor Dolor ─ 2016