Jueves, 20 Diciembre 2018 17:45

EPIFANIA DEL SEÑOR, CICLO C, 6 DE ENERO DE 2019

Lecturas dominicales

Hoy, solemnidad de la Epifanía, recordamos la llegada de los Magos, que venían de Oriente para adorar al recién nacido Rey de los judíos y Salvador universal. La liturgia de la epifanía nos concede universalizar la salvación que nos trae el Niño Dios, y que en los días pasados hemos visto centrada en torno a María y José.

Mateo no hace relato de un episodio de la infancia de Jesús, como puede parecer a simple vista; más bien, reflexiona, sobre la identidad real del recién nacido y anticipa de forma velada una explicación del rechazo que sufrirá después. Como en todos los relatos de la infancia, nos encontramos ante un texto fabuloso, que Mateo lo crea con un propósito teológico. Podemos decir que se trata más bien de una representación de textos del Antiguo Testamento, que reúnen la promesa hecha a los judíos exiliados y a los paganos que en los tiempos mesiánicos vendrían a Jerusalén a ofrecer sus ofrendas.

Recordemos que Jesús es el esperado descendiente de David, cuya autoridad fue reconocida en Israel desde un principio con ayuda de la Escritura. Pero los anuncios de la Escritura, no resultaron suficientes para merecer su aprobación: precisamente los que no sabían dónde encontrarlo, fueron quienes se pusieron en camino; los cercanos, dejaron la delantera a los paganos. Aquí observamos como la mansedumbre del gentil, aprovecha cualquier señal para ponerse en camino hacia el “Dios-con nosotros”, esto contrasta con el empecinamiento del pueblo judío, que sabe dónde tiene que aparecer Dios, pero no se digna dejarse ver por allí.

Vemos que ante Jesús se pueden tomar posturas muy diferentes. Precisamente el texto de los magos nos habla de la reacción de tres grupos de personas. Los paganos que lo buscan, guiados por la luz. Los representantes de la religión del Templo, que se mantienen indiferentes. Y como no el rey Herodes que solo ve en él un peligro.

El relato es desconcertante. A este Dios, escondido en la debilidad humana, no lo encuentran los que viven establecidos en el poder o encerrados en el templo y su seguridad religiosa. Se les manifiesta a quienes, orientados por pequeños signos, buscan insistentemente la esperanza para el ser humano.

El episodio de la aparición de estos magos de oriente establece el comienzo del cumplimiento de las profecías bíblicas que dan naturaleza universal a la llegada y misión del Mesías. Estos magos, observadores de los fenómenos del universo, son los representantes de los paganos o pueblos gentiles, son los primeros en presentar reconocimiento al naciente Rey.

Estos magos no son del pueblo elegido, ni conocen al Dios de Israel. No conocemos su pueblo de origen ni su religión, solo que están atentos a la búsqueda de la verdad y siguen los signos de la luz, porque en su interior tienen la esperanza de localizar una luz para el mundo.

El rey Herodes, convoca a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, que aunque son los representantes de la verdadera religión, del Dios del templo, no escuchan su llamada, ni buscan la verdad. Se dedican a dar culto a Dios, pero nunca reconocerán a Jesús. Conocen dónde ha de nacer el Mesías, pero ninguno de ellos se acercará a Belén.

El poderoso y despiadado rey Herodes, solo ve en Jesús una amenaza para su autoridad y su crueldad. Y hará todo lo posible para eliminarlo. Mientras tanto, los magos prosiguen su búsqueda. Los magos no caen de rodillas ante Herodes, ni entran en el grandioso Templo de Jerusalén, los signos los dirigen al pequeño pueblo de Belén, lejos de todo centro de poder. Cuando llegan, solo ven al “niño con María, su madre”. Y nada más. Una vida delicada que necesita el cuidado de una madre. Pero esto es suficiente para estimular en los magos la “adoración”.

Podemos decir que Mateo no señala ningún acontecimiento sucedido en los cielos, sino que utiliza los símbolos propios del Antiguo Testamento para manifestar quién es este Niño: la “Luz de las Naciones”. Y a lo largo de todo su evangelio presenta a Jesús como el “nuevo Moisés”. Del mismo modo que Moisés escapó milagrosamente de las manos del Faraón que buscaba matarle, Jesús también se librará de la amenaza de Herodes.

La Iglesia en la fiesta de hoy resalta el destino y el significado universal de este nacimiento. Demostrándonos que al hacerse hombre en el vientre de María, el Hijo de Dios vino no sólo para el pueblo de Israel, representado por los pastores de Belén, sino también para toda la humanidad, representada por los Magos.

La Epifanía es una fiesta para reflexionar sobre la palabra "católico", que significa "Universal" y también quiere decir que nadie, ninguna grupo, ningún pueblo, ninguna tradición humana puede acaparar el privilegio de adueñarse de la Palabra. El mensaje de Jesús es para todo ser humano y él mismo encarga a los suyos: “Id por todo el mundo y anunciar a todos la Buena Noticia”.

El evangelio en ningún momento nos narra que los “magos” sean tres, ni que sean reyes, ellos son la imagen de todos los pueblos. Ellos simbolizan la manifestación de Jesús a toda la humanidad. Mateo quiere transmitirnos que así como Jesús nació para el pueblo judío el día de Navidad, hoy día de la “epifanía” “nace” para la “humanidad entera”.

“Recordemos que Jesús, trae una buena nueva de salvación que no es sólo para los judíos sino para todos los hombres y mujeres del mundo y que Dios ama a todos sin distinción”.

 

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