Viernes, 14 Diciembre 2018 10:34

LA SAGRADA FAMILIA, CICLO C, 30 DE DICIEMBRE DE 2018

La tradición litúrgica de la Iglesia reserva este primer domingo después de Navidad a la fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret. Recordemos que la infancia de Jesús nos deja un gran silencio oculto en Nazaret, ya que esta ciudad de Galilea aparece por vez primera en el relato de la Anunciación de este evangelista y en el texto de hoy. Es ahí en Nazaret donde Jesús se hace hombre, donde su personalidad interior se forma en las tradiciones de su pueblo, y donde comienza a madurar un proyecto que un día debe llevar a cabo. El Evangelio de hoy contiene algunas estampas atrayentes, acerca de lo que significa la vida familiar. Para el evangelista Lucas el texto de hoy es más que un simple incidente de juventud, es la introducción de la misión personal de Jesús.

Lucas es el único evangelista que nos cuenta algo sobre la juventud de Jesús. El texto de hoy tiene importancia como conclusión del evangelio de la infancia y como recorrido entre la natividad y la aparición pública del Mesías. Nos encontramos con la ultima escena del evangelio de la Infancia de Lucas, lo primero que tenemos que manifestar es que hasta ahora Jesús no ha podido hablar en estos dos primeros capítulos. Siempre han hablado por él o de él. Son las primeras palabras que Jesús va a pronunciar en el evangelio de Lucas "¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?" este versículo 49 puede valorarse como la explicación teológica de la vida entera de Jesús, aunque este pronunciamiento no sea a primera vista más que la respuesta de un hijo a su "madre".

Por este relato sabemos que José y María eran unos judíos muy piadosos, pues bajaban cada año a Jerusalén, María y José conducen a Jesús a Jerusalén para participar en una de las tres peregrinaciones (en la Pascua, en Pentecostés, y para la fiesta de las Cabañas) a rezar en el Templo y agradecer las bendiciones de Dios, como estaba prescrito por la ley (Dt 16,16). Durante los siete días de estas fiestas el pueblo participaba en el culto y acudían a escuchar las discusiones de los Rabinos en el pórtico del Templo.

Al iniciar el viaje de regreso pronto se dan cuenta de que falta Jesús y María y José regresan a Jerusalén. Pero la angustia se transformó en asombro cuando, por fin, lo encontraron: en el Templo y escuchando y preguntando a los maestros. Jesús era un chico de doce años ya ciertamente un "muchacho", pero no es todavía mayor, aunque Jesús tenía ya la sabiduría de los adultos. Incluso los padres de Jesús no “veían” nada especial en su hijo…, hasta el día en que se les perdió, fue cuando se inicio su perdida definitiva, donde claramente Jesús, deja de ser hijo de María y José para declararse hijo de Dios.

Como antes hemos sugerido, es la primera vez que Lucas hace hablar al “niño” y lo hace para descubrir qué hace y quién es. Por eso debemos deducir que ni se ha perdido, ni se ha escapado de casa, sino que se ha entregado a un proyecto que ni siquiera “sus padres” pueden comprender totalmente.Lo extraordinario, es que Jesús se queda en el templo con los doctores de la ley, parece que se hace consciente, de que ya es el momento de empezar a ocuparse de las cosas de su Padre. La sorpresa estriba en que los padres no encontraron a su hijo en un lugar cualquiera. El primer debate de Jesús con los doctores de Israel no tiene lugar en la pequeña sinagoga de Nazaret, sino que tiene que desarrollarse en el templo. “Después de tres días” termina la “pasión” y encuentran a Jesús en el Templo, entre doctores, enseñando, entre el estupor general. Las referencias a los acontecimientos de la resurrección no deben dejar ninguna duda. Pocas veces nos encontramos en el evangelio tan claros los sentimientos de los padres de Jesús: “tu padre y yo te buscábamos angustiados”. A la angustia se suma la desorientación: “¿por qué nos has tratado así?"

Jesús se sorprende de que le buscaran. Él tenía que estar en las cosas de su Padre. Pero María tampoco entendió lo que acababa de pasar, y no será la última vez, pero se fió de Dios y lo guardó todo en su corazón. Lucas nos dice que, después de esta escena, Jesús volvió a Nazaret. El evangelista quiere anunciarnos, desde el principio, a la doble familia de Jesús. A su verdadero padre que es Dios y a cuyo servicio Jesús pondrá toda su vida y a sus padres según la carne, María y José.

El centro del episodio, y su clave para el entendimiento, está en la doble pregunta de Jesús a su madre. María no logra entender ni el hecho de la pérdida ni la razón que argumenta su hijo. Aunque se le presente como principiante, Jesús habla por vez primera, apenas alcanzada la mayoría de edad, como hijo de Dios, con plena conciencia de su misión. Lo que anunció el ángel y posteriormente vio Simeón, es confirmado ampliamente por el mismo Jesús en nuestro texto de hoy. Su sabiduría humana puede ir aumentando, pero Él ya sabe lo fundamental, que Dios es su Padre.

Lucas nos relata un episodio en el que se compagina la humildad filial de Jesús a sus padres en Nazaret y la absoluta obediencia al Padre en el templo de Jerusalén. La actuación de Jesús no es comprendida por su madre, que se entristece por la pérdida de su hijo y, después, queda impresionada por la autonomía de un niño que se le está haciendo adulto. La proximidad de Dios, conseguida por los padres de Jesús, no les quito de disgustos e incomprensiones: ante sus ojos su hijo se les iba haciendo, al mismo tiempo, hombre e hijo de Dios. Desde el punto de vista de su familia, Jesús se pierde porque se debe a Dios y sus cosas. Desde el punto de vista de Jesús, sus padres deben aceptar una decisión que entraña la renuncia a la autoridad paterna. El equilibrio vuelve a la familia cuando todos aceptan sus respectivas funciones.

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