Viernes, 14 Diciembre 2018 10:14

IV DOMINGO DE ADVIENTO, CICLO C, 23 DE DICIEMBRE DE 2018

Lecturas dominicales

El texto del evangelio de Lucas que leemos hoy esta enmarcando la celebración del nacimiento del Señor. La protagonista hoy es María, la madre de Jesús. Si nos damos cuenta Mateo centra el evangelio de la infancia de Jesús, en "José, esposo de María" para demostrar como Jesús llega a ser descendiente del Rey David (Mt 1,16). Lucas centra la infancia en la persona de María, como "esposa de José" (Lc 1,27). También es cierto que Lucas habla poco de María, pero lo hace con un gran alcance. Presentándola como modelo para la vida de las comunidades cristianas. María se vincula con la Palabra de Dios: acogiéndola, encarnandola, haciéndola nacer y crecer y dejándose modelar por ella, siendo el modelo de "comunidad fiel".

“En aquellos días” María ya había recibido la visita del ángel Gabriel, y sabía que Dios la había elegido para ser la madre del Salvador. El que estuviera viviendo unos días tan especiales no la obstaculizo para olvidarse de sí misma y pensar en los demás. María, en aquellos días, tuvo noticias de que su prima Isabel había concebido un niño. Lucas no pierde el tiempo en explicarnos este viaje de varios días. Solo se centra en la llegada.  María, la peregrina de la fe y la primera discípula de Jesús,"se puso en camino y fue aprisa" actuá con determinación.

María emprende en la Anunciación un largo camino de fe que habrá de recorrer en fidelidad. Ya el evangelista Lucas conoce este camino y su final cuando escribe su evangelio. María se pone en camino, pero se pone en camino sola. Siente necesidad de compartir su alegría con su prima Isabel y de ponerse cuanto antes a su servicio en los últimos meses de embarazo.

María entra en casa de Zacarías, pero no se dirige a él. Va directamente a saludar a Isabel. Pero no sabemos nada del contenido de su saludo. Este texto no se puede simplificar solamente como una visita histórica a un pueblecito de Judá. En esta visita a su prima Isabel, María es alabada por Isabel como la creyente: "Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá". Recordemos que en la anunciación Gabriel fue parco en palabras y no hizo ningún elogio a María: “he aquí la esclava del Señor…”, desapareciendo en silencio. Aquí en esta visita los verdaderos protagonistas son Isabel, la única que habla, y Juan, el hijo que lleva en su seno.

María llega a su destino y saluda a Isabel, mostrándonos a nosotros que el seguimiento de Jesús es camino que debe mantenerse con firmeza y fidelidad. Como el propio Jesús dirá:"No he venido a ser servido sino a servir y dar la vida en rescate por muchos". María empieza a servir y a cumplir su misión a favor del pueblo de Dios.

La visita de María a Isabel, esta relacionando los dos anuncios de nacimientos narrados por separado en versículos anteriores, el de Juan (Lc 1, 5-25) y el de Jesús (Lc 1,26-38) y propicia el encuentro entre el profeta y su Señor antes incluso de nacer. El Evangelio traza el encuentro de ambas mujeres, Isabel y María, las cuales llevan un niño en el vientre. Este encuentro de las madres queda esbozado por el evangelista como el primer encuentro de Juan el Bautista con Jesús.

El evangelista Lucas pretende con el relato del encuentro de María, madre del Salvador, con Isabel, madre del Precursor, señalarnos la superioridad de Jesús sobre el Bautista. María es el personaje central. Pero no por lo que ella haga, sino por lo que en ella se ha realizado.

En el texto, Isabel entra en escena como profetisa mesiánica y entona para la cristiandad la gran alabanza mariana:"Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre"(Lc 1,42). Isabel se convierte en profetisa del secreto de la Madre, así como su Hijo, Juan el Bautista, se convierte en profeta del secreto del Hijo. Mas tarde, al comienzo de su vida pública, Jesús ha de encontrarse con Juan a orillas del Jordán, pero ahora él, todavía invisible en el seno de su madre María, encuentra por vez primera a su predecesor Juan. El encuentro de ambas madres se repetirá luego en el encuentro de los dos hijos.

Isabel en ningún momento llama a María por su nombre. La considera completamente identificada con su misión: "es la madre de su Señor". Pero lo que más le sorprende es la actuación de María. No ha venido a mostrar su grandeza como madre del Mesías. No está allí para ser servida sino para servir. Isabel no sale de su asombro y se pregunta. "¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?".

El Adviento y la Navidad ya próxima, significan esencialmente “salida”. María se pone en camino para servir a su prima Isabel. El Papa Francisco no deja de hablar de una “Iglesia en salida”, recordándonos: “Todos estamos llamados a esta nueva salida”, cada cristiano y cada comunidad debe entender cuál es el camino que el Señor le pide. La actitud de María ante la Palabra manifiesta el ideal que Lucas quiere comunicar a sus  comunidades y como no, a las nuestras: no encerrarse en ellas mismas, sino salir de casa, estar atentas a las necesidades concretas de las personas, y tratar de ayudar a los demás en la medida de las necesidades.

 

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