Domingo, 02 Diciembre 2018 09:11

III DOMINGO DE ADVIENTO, CICLO C, 16 DE DICIEMBRE DE 2018

Lecturas dominicales

Las lecturas de este III Domingo de Adviento son una llamada total a la alegría. Siendo este domingo conocido como el domingo de "Gaudete", que en latín quiere decir “regocijaos”, “alégrense”, “estad alegres”. Invitándonos para que bajemos de todos nuestros pedestales y de todas las arrogancias para reconocer el valor de nuestros límites y dejemos de vivir por encima de nuestras posibilidades, porque así no es posible la verdadera alegría.

Esa alegría, en el Antiguo Testamento, se sustenta siempre en la salvación que va a llegar. Pero nosotros hoy estamos en condiciones de aportar un paso más y ver que la salvación ha llegado ya, porque Dios ya ha llegado, y con su presencia en cada uno de nosotros, nos ha transmitido todo lo que Él mismo es. Lo mas importante es recordar que no tenemos que estar alegres porque Dios está cerca, sino porque Dios está ya en nosotros.

Ya el domingo pasado Juan Bautista nos invitaba a preparar los caminos del Señor, hoy nos presenta un proyecto muy exigente en el campo del comportamiento moral. Recordemos que en la tradición cristiana, Juan es el mensajero que prepara el día de la llegada del Señor, “el Mesías”. De hecho toda la tarea de Juan evoluciona en un tiempo de grandes esperanzas mesiánicas: “el pueblo estaba expectante” (Lc 3, 15)

Él Bautista anuncia la Buena Noticia diciendo que detrás de él “viene el que es más fuerte que yo….. Él os bautizara con Espíritu Santo y fuego;” Pero a la vez muestra la necesidad de que hay que preparar esa venida con actitud de misericordia y de honradez muy evidentes: compartiendo lo que tenemos, no exigiendo más de lo acordado y desterrando la violencia.

El texto que hemos leído hoy no tiene paralelos en los otros evangelios. El primer mandato se dirige a la gente en general. El alimento y el vestido son bienes de primera necesidad: ¡que la gente no guarde más que lo necesario! Juan no propone ningún ideal de pobreza, sino el cumplimiento del mandamiento de amor al prójimo, “no habrá ningún pobre entre los tuyos” (Dt 15,4).

El evangelio continúa con la predicación de Juan Bautista. Hoy podemos descubrir mejor las coincidencias y las diferencias con Jesús. El final al que llegan los dos, es el mismo: interesarse por los demás según la situación de cada uno. La motivación cambia radicalmente. Según Juan, hay que hacer todo eso para esfumarse del juicio de Dios. Para Jesús, hay que actuar así porque debemos responder a Dios que es amor y nos trata con total desprendimiento.

El Bautista, anunciaba a orillas del Jordán la “Buena Noticia" al pueblo, llenándolo de alegría, el les propuso a ellos, y nos propone también a nosotros, un programa exigente y muy concreto para preparar la venida del Mesías: "el que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo... no exijáis más de lo establecido... no hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie".

La llamada desde el desierto del Bautista a llevar una vida más fiel a Dios avivo en la gente una pregunta concreta: ¿Qué debemos hacer? Lo más básico y positivo es abrir nuestro corazón a Dios observando con los cinco sentidos las necesidades de los que sufren. El Bautista no les plantea que cumplan normas ni preceptos, ni ritos religiosos, sino cambiar, ser de otra manera, vivir de forma más humana, sacar algo que está ya en nuestro corazón: el deseo de una vida más justa, honrada y fraterna.

Todos y cada uno de nosotros tenemos que pensar en que nos afecta el programa del Bautista: somos capaces de compartir nuestros bienes con los más necesitados, practicamos la justicia y la verdad no solo de palabra, sino con hechos. No debemos pensar solo en la ayuda material que necesitan algunas personas, sino en nuestra presencia y acompañamiento, nuestra escucha y la comunicación de nuestra fe.

Tres versículos antes del texto de hoy, Juan Bautista llama 'raza de víboras' a los que cumplían minuciosamente con los ritos y las leyes, pero se olvidaban totalmente de los demás. El Bautista, desde la visión de una espiritualidad judía, pide a los que le escuchan una determinada conducta moral para escapar al castigo de Dios. Como Jesús, Juan no quiere saber nada de las normas legales del templo, si quiere que manifestemos la preocupación por los demás. En ningún caso hace alusión a la religión, lo que pide a todos es mejorar la convivencia humana.

Sin embargo Jesús en su evangelio propone una motivación distinta. La intención no es escapar al castigo de Dios sino imitarle en su disposición de entrega, reconociendo lo que Dios es para nosotros, nos obliga a ser como Él.

¿Qué tenemos que decir los que vivimos en este mundo donde la tercera parte malvive en la pobreza peleando cada día por algo que llevarse a la boca, mientras nosotros tenemos nuestras despensas y frigoríficos rebosantes de comidas y los armarios llenos de ropas?

Tengamos presente que lo que nos propone el Bautista no es algo extraordinario: huir al desierto, como él, o pasarnos el día orando, ayunando o haciendo penitencia. Simplemente, nos dice que en la vida diaria vivamos con una actitud de caridad, justicia y no-violencia. Las lecturas de este III Domingo de Adviento son una llamada total a la alegría. Siendo este domingo conocido como el domingo de "Gaudete", que en latín quiere decir “regocijaos”, “alégrense”, “estad alegres”. Invitándonos para que bajemos de todos nuestros pedestales y de todas las arrogancias para reconocer el valor de nuestros límites y dejemos de vivir por encima de nuestras posibilidades, porque así no es posible la verdadera alegría.

 

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