Viernes, 29 Septiembre 2017 12:55

XXXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO A, 26 DE NOVIEMBRE DE 2017

Lecturas dominicales

Hoy nos encontramos en el último domingo del año litúrgico, que lo terminamos con la festividad de Cristo Rey del Universo, después de haber recorrido dos tiempos fuertes, las pascuas de Navidad y Resurrección, y los 34 domingos del tiempo ordinario que suman las 52 semanas del año. La Iglesia nos propone en el evangelio de hoy, de Mateo, la parábola del “Juicio Final” conocida también como el “juicio de las naciones” o “juicio universal”, donde se nos señala qué debemos hacer para poseer el Reino: acoger a los hambrientos, a los sedientos, a los extranjeros, a los desnudos, a los enfermos y presos (Mt 25,35-36), el tema es, como en los dos últimos domingos, enmarcado en el final de los tiempos.

El evangelista trata de presentarnos una visión universal, de la acción del Señor. Toda la historia, todo el mundo están bajo la acción salvadora del Señor. No es solamente el pueblo judío, Israel, o nosotros los cristianos, cuando se nombran a los “hermanos míos pequeños” entendemos que son los seguidores de Jesús que sufren y son perseguidos, pero los hermanos de Jesús “pequeños” son todos los hombres y mujeres que sufren, significando que la religión del “reinado de Dios” es universal, y en la que caben todos sin tener necesariamente que pertenecer a ningún grupo religioso concreto, por eso el mensaje de Jesús ha sido y seguirá siendo escandaloso “siempre”.

La parábola del "juicio final" no pretende ofrecernos una visión anticipada de un imaginado "final del mundo". Recordemos que siendo una parábola no hay que interpretar literalmente lo que se lee, sino que nos habla del comportamiento adecuado aquí y ahora. Y culmina con una conclusión, que es una llamada a no equivocarnos: "Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna".

Según el texto de Mateo, comparecen ante el Hijo del Hombre, es decir, ante Jesús, “todas las naciones”. El texto no hace diferencias entre “pueblo elegido” y “pueblo pagano”. Ni hace referencias a religiones o cultos, "todas las naciones" serán convocadas. La novedad del texto está ahí. Todos serán convocados, los que conozcan a Dios y los otros. Los paganos que hayan vivido un compromiso con el que lo pasa mal, también tendrán cabida en el futuro Reino de Dios. Todo queda centrado en un largo diálogo entre el juez que no es otro que Jesús resucitado y dos grupos de personas: los que han aliviado el sufrimiento de los más necesitados y los que han vivido negándoles su ayuda. Pero si queda claro una pregunta que todos entienden y debemos entender: ¿Qué hemos hecho con todos los que han vivido sufriendo?

No olvidemos que quien nos dice esto es un “juez”, Jesús que está identificado con todos los pobres y necesitados: “Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos mas pequeños, conmigo lo hicisteis”. Por eso han de estar junto a él en el reino: “Venid, benditos de mi Padre”.

Lo decisivo ante Dios no son las acciones religiosas, sino estos gestos humanos de ayuda a los necesitados, que pueden brotar de una persona creyente o no, pero que piensa en los que sufren.

Como toda parábola intenta comunicar un mensaje y nosotros tenemos que distinguir entre el envoltorio del mensaje, y el mensaje mismo. En el envoltorio nos encontramos con imágenes tomadas de la tradición de Israel, que Jesús aplica para que todos le entiendan: como la escena del juicio, el juez, los ángeles, las ovejas y cabras, las palabras del juez y de los juzgados, la herencia del reino preparado, el fuego eterno, etc. Y el mensaje de Jesús es la materia del juicio, y se condensa en la frase “a mí me lo hicisteis”. Esto si que es revolucionario, nuevo y acorde con todo el evangelio.

El mensaje es muy profundo y mucho más sencillo: “son de Jesús los que ponen la vida al servicio de los demás”, los que no lo hacen, por más que digan o practiquen cultos, no son de Jesús.

La solemnidad de la fiesta de Cristo Rey del Universo fue establecida por Pío XI en 1925, en un momento en que la Iglesia estaba perdiendo prestigio e influencia en la sociedad occidental, el Papa quiso motivar a los católicos a reconocer la majestad de Cristo Rey, posteriormente se coloco la fiesta como colofón del año litúrgico.

Jesús no es rey. No es un rey como los reyes son reyes. Ni el reino de Dios es como un estado. Además Jesús nunca reivindicó ningún reino para Él. Todo lo contrario, dijo expresamente que, "el que quiera ser primero, sea el servidor". Afirmando de palabra y con su vida, que él "no venía a ser servido, sino a servir".

El titulo de mesías se aplico en el AT, ante todo al rey. En tiempos de Jesús, el título de rey estaba asociado, en las ideas de mucha gente, a la figura de rey de este mundo. Por esto se comprende que Jesús no quiso que lo tuvieran por rey (Jn 6, 15), (Mt 16,20; Mc 8, 30; Lc 9, 21). Jesús no quiso nunca ni títulos, ni poderes, ni privilegios de este mundo que lo distanciaran de la gente.

Tenemos una imagen del Todopoderoso, Altísimo, Rey de reyes y Señor de señores, Señor de los ejércitos, Gobernador del Universo, etc. pero a mi me interesa mas lo que hemos visto de Dios en Jesús. Y hemos visto a Dios como enamorado, trabajando por todos sus hijos, capaz de dar la vida. “Mientras no nos cambiemos al Dios de Jesús, estamos lejos del Reino”. El Reino de Dios está dentro, lo tenemos dentro no fuera, está en la disposición de ser servidores. Jesús es rey de sí mismo y Jesús revela a Dios más que nunca cuando se pone a lavar los pies y más aún cuando muere despreciado y "vencido" en la cruz.

Después de haber hablado para su comunidad durante muchos capítulos, Mateo amplía el horizonte y habla para todas las naciones. Los judíos creían que Dios les aceptaría a ellos y rechazaría a los paganos. Mateo hace otro planteamiento muy distinto y radical: pertenecen al Reino todos los que se han preocupado de los débiles. Y nos aclara que no llegamos al Reino por hacer esto o dejar de hacer aquello, sino que nos inclinamos al necesitado porque hemos llegado al Reino. No es lo que hagas por Dios lo que te va a salvar. No nos hagamos ilusiones, si no te preocupas del otro, no estás en el Reino.

Nuestra vida se está jugando ahora mismo. No hay que esperar ningún juicio. Ahora nos estamos acercando o alejando de los que sufren. Ahora nos estamos acercando o alejando de Cristo. “Ahora estamos decidiendo nuestra vida”.

 

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