Martes, 08 Agosto 2017 22:57

XXVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO A, 1 DE OCTUBRE DE 2017

Las apariencias engañan, el corazón no.

Lecturas dominicales

Hoy Jesús nos plantea algo fundamental para la persona y por tanto para el cristiano, la sinceridad interior. Las apariencias muchas veces nos engañan, el corazón no. Por ello es fundamental la conversión, la cual es la mayor prueba de confianza en la recuperación de nuestra situación personal deteriorada.

Hemos de tener confianza que por muy grande y persistente que sea nuestro pecado, éste puede ser vencido, solo es preciso recapacitar y dar un paso adelante.

Nuestra vida está llena de decisiones y también de indiferencias, que es una forma de decidir. Es preciso reconocer con humildad nuestras irresponsabilidades para poder reconstruir en nuestra vida lo que realmente Dios quiere de nosotros; el cumplimiento de su voluntad.

Pero, ¿cómo llegar a conocer la voluntad de Dios? Tenemos las armas que nos ayudan de forma fehaciente a ello, en primer lugar la lectura y la escucha de la Palabra de Dios, la oración confiada, el encuentro personal con Cristo en los sacramentos, principalmente en la Eucaristía y en el sacramento del Perdón, el conocimiento de la doctrina de la Iglesia y el diálogo sosegado con otros hermanos, entre otros caminos.

Poseemos los medios para conocer la voluntad de Dios y adecuarnos a ella. Él, por su parte, cumple lo que promete, pero quiere hechos, decisiones que impliquen la vida del cristiano, signo de fidelidad constante.
Escuchar la Palabra de Dios nos transforma el corazón y lo abre a su amor.

Nuestro trabajo sencillo y discreto, la entrega generosa a los demás hecha con actitud de servicio, el testimonio silencioso y humilde, es la respuesta que Dios espera de nosotros, para ser testigos ante el mundo recuperando la superficialidad y la hipocresía.

Contemplemos a Cristo, para aprender y llegar a tener sus mismos sentimientos.

Contemplemos a Cristo para vencer las injusticias y atropellos de sus derechos.

Contemplemos a Cristo, para acercarnos a su corazón.

Contemplemos a Cristo, para que nuestro obrar sea un sí sincero que nazca de los más profundo de nuestro corazón.

PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL

- ¿Reviso periódicamente mi proceder con los demás?

- ¿Leo asiduamente la Palabra de Dios para dar respuesta a las situaciones que en mi vida se presentan?

- ¿Lo que hago a favor de los demás lo realizo con espíritu de servicio, sencillez y humildad, sin esperar agradecimiento por ello?

 

 

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