Sábado, 23 Septiembre 2017 11:57

XXXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO A, 5 DE NOVIEMBRE DE 2017

Lecturas dominicales

El evangelio de hoy forma parte de la larga crítica de Jesús contra los escribas y los fariseos (Mt 23,1-39). Lucas y Marcos relatan solamente unos trozos de esta critica (Mc 12,38-40 y Lc 20,45-47), pero en nuestro caso el evangelio de Mateo, es un texto mas severo, nos muestra lo enorme que era la polémica de las comunidades de Mateo con las comunidades de los judíos de aquella época en Galilea y en Siria.

Mateo sigue hablando para su comunidad y poniendo en boca de Jesús lo que quiere decir “él” a aquellos cristianos. Su intención es hacer ver la diferencia entre el antiguo Israel y la nueva comunidad. En el texto de hoy, Jesús no habla a los fariseos, sino a la gente y a sus discípulos, lo dice muy claro: "Entonces Jesús habló a la gente y a sus discípulos". Por tanto, los destinatarios de la Palabra de hoy son "La gente y sus discípulos". Es decir, tú y yo, sacerdotes, diáconos, catequistas, padres y madres de familia, cristianos todos.

En el Evangelio, Jesús pone en evidencia a los letrados y fariseos. No se preocupan por conocer y enseñar la ley de Moisés. Se preocupan de progresar ellos utilizando la ley de Moisés, agradando a la gente para que la gente les reconozca un puesto de privilegio en la sociedad. Practicaban una religión de fachada, solo de apariencias, por eso el Señor en otro lugar los ha llamado “sepulcros blanqueados”, muy bonitos por fuera, pero por dentro no hay más que podredumbre. Hacen lo contrario de lo que dicen. Dios no cuenta. Diríamos que ellos han usurpado el papel de Dios.

Al mismo tiempo el texto prepara las siete maldiciones que pone el evangelio a continuación en boca de Jesús: "Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas..." Mateo pide a su comunidad que no caiga en los mismos errores que critica. Su preocupación está justificada, porque el cristianismo cayó muy pronto en un fariseísmo mayor que el judío. Jesús condena la incoherencia y la falta de sinceridad en la relación con Dios y con el prójimo. Está hablando contra la hipocresía tanto de ellos como de nosotros, hoy.

Mateo recoge cuidadosamente las palabras de Jesús y las pone en su evangelio con una claridad tan impresionante que cuando se leen, nos dejan a cada uno con la boca abierta, sobre todo si no se las aplicamos "al otro" sino a cada uno de nosotros. Las palabras de Jesús son una invitación para que todos cuantos tenemos alguna responsabilidad en la comunidad eclesial hagamos una revisión de nuestra actuación.

"Ellos no hacen lo que dicen". El mayor pecado de los fariseos y el nuestro es la incoherencia. No vivimos lo que predicamos. No creamos que los fariseos eran por definición “fariseos” como nosotros lo entendemos hoy, eran férreos cumplidores, pero su radicalidad en la interpretación de la Ley les obligó a disimular que eran incapaces de cumplirla, para poder seguir exigiendo a los demás lo que ellos no hacían. Su conducta los desacreditaba, pero su mayor engaño era exigir en nombre de Dios unas prácticas que solamente eran preceptos humanos. “Haced lo que ellos dicen, pero no hagáis lo que ellos hacen”, terrible este reproche del Señor.

“Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar”. Eran 613 los preceptos que tenía que cumplir todo israelita para ser fiel a la Ley y, según algunos, todos tenían la misma importancia. Con frecuencia nosotros, somos exigentes y severos con los demás, agobiamos a la gente sencilla con nuestras exigencias pero no les facilitamos la acogida del evangelio. Recordemos que Jesús había dicho: "Mi yugo es llevadero y mi carga ligera".

“Todo lo que hacen es para que los vea la gente”. Buscamos casi siempre "quedar bien" ante los demás. No lo podemos negar, ya que es muy fácil vivir pendientes de nuestra imagen. Cuando se pone la perfección en el cumplimiento de normas externas, sólo caben dos salidas: la “soberbia”, si cumplo es porque soy más que los demás. Y la “simulación”, es más importante lo que piensen de mi que lo que realmente soy porque estamos siempre pendiente de nuestro prestigio personal. Hoy sigue habiendo cristianos que están es esa misma dinámica.

“Les gustan los primeros puestos y los asientos de honor... y que les hagan reverencias por la calle”. Aquí esta la clave del texto. La nueva comunidad no debe comportarse como los fariseos, sino desde la autenticidad. El evangelista Mateo quiere dejar esto muy claro, el mensaje central del evangelio consiste en abandonar todo intento de superioridad y entrar en una dinámica de servicio total a los demás. Esto nos da vergüenza decirlo, pero nos gusta. Siempre queremos ser tratados de manera especial, no como un hermano más.

“No os dejéis llamar maestros... ni guías... porque uno solo es vuestro Maestro y vuestro Guía: Cristo”. Seguramente a esta altura ya empezaba a tomar forma la comunidad y en aquella época había quien quería ser más que los demás, igual que ahora. Los humanos somos capaces de remover el cielo y la tierra, con tal de dirigir a los demás para someterlos y utilizarlos en beneficio propio. Pero el mandato del evangelio es clarísimo: renunciad a los títulos para no hacer sombra a Cristo.

“No llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre el del cielo”. Jesús considera de tanto nivel el titulo de Padre que no debe ser utilizado por nadie en la comunidad cristiana.

"El primero entre vosotros será vuestro servidor". Jesús exige solamente lo que él vivió. El mismo Jesús comenta esto en otro lugar: "igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos" (Mt 20,28). Cuando dice esto no está hablando de la vida biológica, que entregó en la cruz, sino de la “vida” que pone al servicio de los demás durante su vida biológica.

“El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido". Este pensamiento es clave para entender a Jesús. Siempre que pretendemos estar por encima de los demás, nos deshumanizamos y nos rebajamos como seres humanos, y viceversa.

En este Domingo la palabra de Dios nos llama a reflexionar sobre nuestra actitud de cómo andamos en el servicio a nuestro prójimo y nos invita a que una vez que revisemos nuestra conducta y modo de actuar, nos decidamos a producir los cambios necesarios. Obedecer órdenes no garantiza el cumplimiento de la voluntad de Dios. Ser fiel a Dios es ser fiel a ti mismo, a tu auténtico ser. Lo que Dios quiere de ti, te lo está diciendo “Él” desde dentro de ti mismo. Que el primero entre nosotros, sea nuestro servidor. “Si queréis ser los primeros, servid a los demás en la convivencia diaria”.

 

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