Domingo, 24 Septiembre 2017 13:02

XXXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO A, 19 DE NOVIEMBRE DE 2017

Lecturas dominicales

El Año Litúrgico está llegando a su fin. Hoy, como penúltimo domingo del Año Litúrgico, la Palabra de Dios nos invita a tener una actitud activa en la vivencia de nuestra fe. En este 33º Domingo del tiempo ordinario meditaremos la Parábola de los Talentos que trata dos temas muy importantes y muy actuales: 1º- Los dones que cada persona recibe de Dios y el modo como lo recibe. 2º- El comportamiento con que las personas se ponen delante de Dios que nos ha dado todos sus dones.

Jesús, con su palabra y testimonio, nos esta animando constantemente a desarrollar los talentos que el Padre nos ha dado, también las capacidades humanas que nos permiten crecer como personas y hacer productiva nuestra vida siendo solidarios con los demás. Recordemos que toda persona tiene cualidades, talentos, con los cuáles puede y debe servir a los demás. Aprendamos los unos de los otros.

Mateo ha reunido las enseñanzas fundamentales de Jesús sobre el final de la historia y el destino del hombre, el evangelista quiere advertir a los discípulos que el Señor volverá definitivamente y con toda seguridad; aunque se retrase esta vuelta, es necesario estar siempre preparados porque puede volver en cualquier momento.

El Señor hoy nos hace caer en la cuenta que no solamente hay sentido en “el más allá”, en la otra vida, sino también “en el más acá”, en esta vida, siempre que hagamos producir nuestros talentos.

El se ausenta pero nos entrega su Espíritu para caminar y ayudarnos con los desafíos de esta vida. Pero también nos deja trabajo distribuyendo entra cada uno de sus seguidores talentos para hacer productivo su Reino. ¡Nunca es tarde para empezar!

La parábola de los talentos es propia de Mateo, pero tiene un paralelismo evidente con la parábola de “las minas” o parábola de “las diez onzas” del evangelio de Lucas (19, 11-27), las dos ilustran la misma idea puesta en labios de Jesús.

Para comprender la parábola, una de las cosas que más influyen en la vida de la gente y sigue “influyendo” es la idea que nos hacemos y tenemos de Dios. Entre los judíos, algunos fariseos se imaginaban a Dios como un Juez severo que los trataba según los méritos conquistados por las observancias de las leyes. Esto causaba miedo e impedía el crecimiento de las personas. Para ayudar a estas personas, Mateo nos cuenta la parábola de de los talentos.

Hubo una época en la que muchos cristianos nos esforzábamos por hacer “méritos”, por desplegar todas nuestras cualidades o talentos para ganarnos el Cielo. Hoy, entendemos que el Cielo es un don que Dios nos concede, y que nosotros lo acogemos como acto de nuestra libertad. La cuestión no es si hemos hecho suficientes méritos para ir al cielo, más bien, deberíamos preguntarnos si nos “hemos comprometido suficientemente en la causa del Reino”.

En el texto de hoy nos encontramos con un hombre que, antes de viajar, distribuye sus bienes a sus siervos, dándoles cinco, dos o un talento, según la capacidad de cada uno, Esto como vemos es toda una fortuna. “Valor del talento”, para aclararnos un poco tenemos que decir que el talento era un peso que equivalía desde 21kg de plata en Grecia y hasta 32kg en Roma, si un denario equivalía a 4 gramos de plata, entonces un talento equivalía a 6.000 denarios aproximadamente. Un jornalero judío ganaba un denario en todo un día de trabajo (Mateo 20:2). Si un jornalero quisiera ganar tan solo un talento, tendría que trabajar ¡casi toda la vida!

En el fondo, cada uno recibe igual, pues recibe “según su capacidad”. No tiene que haber diferencia entre aquéllos que reciben más y aquellos que reciben menos. Todos reciben “según su capacidad”. Lo que importa es que este “don” recibido se ponga al servicio del Reino y que haga crecer los “bienes” del Reino que son el amor, la fraternidad, el compartir.

Nos vamos a ocupar del tercer siervo el que recibe un talento. Este tercer siervo no fue coherente con la imagen tan severa que tenía de Dios. Es decir que él será condenado no por Dios, sino por la idea errada que tenía de Dios y que lo deja miedoso e inmaduro.

La clave de la parábola esta en el miedo, que tuvo el siervo asustadizo, el que recibió un solo talento. La idea que este individuo tenia de su “señor”, era terrible. Una idea que daba miedo. Y el miedo fue su perdición. Porque el miedo nos paraliza y nos bloquea. Un cristiano asustado no produce nada.

Aquí tenemos que entender que son los “bienes del Reino” que se entregan a las comunidades y a las personas según su capacidad. Todos y todas recibimos algunos bienes del Reino, ¡pero no todos respondemos de la misma manera! ” ¡Aquí tienes lo que es tuyo!” Este siervo ve a Dios como un patrón severo. Ante un Dios así, el ser humano tiene miedo y se oculta detrás de la observancia exacta y mezquina de la ley. Piensa que, actuando así, la severidad de su señor no va a poderle castigar. En realidad, una persona así no cree en Dios, sino que apenas cree en si misma y en su cumplimiento de la ley. Se vuelve incapaz de crecer como persona libre. Esta imagen falsa de Dios aísla al ser humano y mata a la comunidad.

Los dos primeros siervos no buscan su bienestar, no se encierran en sí mismos, no guardan para sí, no calculan, sin buscar meritos trabajan para que las capacidades que Dios les ha dado rindan para el Reino. Incluso el propietario, al recibir las ganancias de los dos siervos les dice que “han sido fieles en lo poco”. Esto significa que han hecho ni mas ni menos lo normal, lo que podían y debían hacer, arriesgaron para crecer.

“Aquí tienes lo tuyo”. El tercer siervo tiene miedo al propietario, en realidad lo que tiene miedo es a vivir, por eso fue tratado como: “eres un siervo negligente y holgazán”. El miedo a asumir las propias responsabilidades, nos provoca a perder “miedo a la libertad”.

El evangelio compara la vida humana a un don que Dios nos hace para que lo hagamos rendir. Por eso, lo sensato en nuestras vidas es usarlas apropiadamente para producir frutos abundantes, negociar con los talentos recibidos y producir aquellos frutos que Dios espera de nosotros.

Por tanto el evangelio de hoy nos obliga a revisar nuestra vida, la privada, la social y la cristiana. ¿Qué significa esto? Que la "parábola de los talentos" no tiene por finalidad decirnos cómo es Dios, sino que su objetivo es animarnos a despertar de la modorra y a superar el miedo que nos mantiene paralizados a nivel personal y en nuestras comunidades. Los talentos, sean cinco, dos o uno; en cualquier caso, una riqueza fabulosa, representan la riqueza que somos, de la que generalmente apenas conocemos una mínima parte. Atrévete a vivir todo lo que eres.

 

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