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Domingo, 24 Septiembre 2017 10:57

XXXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO A, 12 DE NOVIEMBRE DE 2017

Lecturas dominicales

En los tres domingos que quedan del año litúrgico, la Iglesia nos va a proponer la lectura de todo el capítulo 25 de Mateo (el último, antes del relato de la pasión). Sabemos que Mateo organiza la enseñanza de Jesús en cinco grandes discursos, el último de ellos es el "escatológico" y ocupa el capítulo 24. A continuación, el evangelista recoge tres parábolas, hoy la de las diez doncellas, el próximo domingo la de los talentos, y finalmente, en la fiesta de Cristo Rey, veremos la más impresionante de todas ellas, la parábola del juicio final, con Cristo Rey juzgando a todos los hombres, que siguen siendo advertencias para su comunidad, insistiendo en la actitud de vigilancia: en la necesidad de "estar despiertos" y de "dar fruto".

Estas parábolas sólo las encontramos en el evangelio de Mateo, que las añade con un fin muy concreto. Viendo que el evangelio de Marcos termina la enseñanza de Jesús con el discurso sobre el fin del mundo. Mateo le pareció un final demasiado sensacionalista; y añadió estas tres parábolas, que animan a tomarse la vida muy en serio.

La primera generación cristiana vivió convencida de que Jesús, el Señor resucitado, volvería muy pronto lleno de vida. Pero no fue así. Poco a poco, los seguidores de Jesús se tuvieron que preparar para una larga espera. Tampoco es difícil imaginar las preguntas que se despertaron entre ellos. ¿Cómo mantener vivo el espíritu de los comienzos? ¿Cómo mantenernos despiertos mientras llega el Señor? ¿Cómo alimentar la fe sin dejar que se apague? Este relato de Jesús sobre lo sucedido en una boda les ayudaba a pensar la respuesta.

El trasfondo de la parábola es la boda, que se toma como casi siempre de las costumbres cotidianas; en concreto, la costumbre de que unas jóvenes, con lámparas encendidas, recibieran al esposo que llegaba con la novia. En Palestina, el país de Jesús, las vírgenes eran las muchachas que acompañaban a la novia que esperaba al novio. Para entender bien la parábola, vamos a situar quien es quien:
“El banquete” de boda es el Reino de Dios, la Iglesia.
“El esposo”, cuya venida se espera, es Cristo.
“El retraso del novio” es la tardanza del momento del Señor.
“Las diez vírgenes” nos representan a todos nosotros, a la comunidad que esperamos la venida definitiva del Señor a nuestras vidas.
“La llegada repentina” es la hora imprevisible del Señor.
“La admisión o rechazo” es la consecuencia de nuestra actitud.

Jesús como siempre introduce elementos de distorsión en la parábola. Nos encon-tramos ante diez muchachas divididas en dos grupos de cinco: unas necias, que se olvidan del aceite para los candiles; otras prudentes, que llevan aceite de repuesto. Fijémonos que la parábola no habla de doncellas “buenas” y “malas”, sino “necias” y “prudentes”, refiriéndose no a la bondad o maldad, sino a la actitud que se tiene para acoger o no la palabra de Jesús.

Pero la parábola nos sorprende, porque quien da el plantón no es la novia, sino el novio, que se retrasa hasta la medianoche. Los candiles son para estar vigilantes y poder entrar en la fiesta. Mientras, las diez se han quedado dormidas, los candiles siguen consumiendo aceite. Al llegar el novio, unas pueden reponerlo fácilmente, los otros están casi agotados. Las sensatas no quieren darles aceite, y el novio se niega a admitirlas después de cerrada la puerta. Se entra a la fiesta o se queda uno fuera, como en la parábola del banquete de bodas (Mt 22).

El evangelio comienza con esta palabra: “Entonces” y continua "se parecerá El Reino de los Cielos a…..”. Y el Reino de los Cielos en boca de Jesús significa la Iglesia. Se trata de la venida del Hijo del Hombre (Mt 24,37). Nadie sabe cuándo va a venir ese día, “ni los ángeles, ni el hijo mismo, sino solamente el Padre” (Mt 24, 36). El Hijo del Hombre vendrá de sorpresa, cuando la gente menos lo espera (Mt 24,44). Puede ser hoy, puede ser mañana.

La conclusión de la parábola es desconcertante: "Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora". Esta advertencia final sirve como clave de lectura. Es desconcer¬tante, porque ninguna de la diez ha velado, todas se quedaron dormidas. Lo cual significa que la vigilancia, en este caso, equivale a la sensatez de llevarse la provisión de aceite.

Vírgenes necias y vírgenes prudentes: cristianos adormecidos, sin vida y con una fe apagada y cristianos vigilantes. Cristianos que dejan escapar todas las ocasiones de encuentro con Dios y cristianos que viven la semana pendientes del día del Señor. Cristianos que piensan que ellos no se van a morir nunca y cristianos que saben que el día del Señor puede presentarse en cualquier momento.

La amistad con Jesús, la capacidad de diálogo con Él, no se improvisan. Hay que ejercitarlas todos los días para poder disfrutar luego del banquete de bodas. Lo que quiere decir la parábola es que hay que prepararse con antelación, porque entonces será demasiado tarde.

¿Qué nos enseña esta parábola? Algunas de las vírgenes invitadas se sentían seguras de que ellas entraban en la boda, estuvieran o no estuvieran debidamente preparadas, porque ellas habían recibido la invitación. Mientras que las otras se dieron cuanta de que si querían entrar en la boda, además de haber recibido la invitación tenían que tenerlo todo bien preparado. Es decir, el problema estaba y está en la seguridad que algunas personas tienen, porque ellos se ven como los “elegidos”, los “llamados”, los “invitados”. Esto se puede convertir en el cerrojo que nos cierra las puertas del encuentro con Dios.

Esta parábola no es un aviso sobre la venida inesperada del fin del mundo. Tampoco es una parábola de juicio final o algo parecido. Es una advertencia, comparable con las parábolas de la construcción de la torre y de la guerra (Lc 14, 28-32) el que quiera seguir a Jesús en la alegría del Reino tendrá que poner de su parte, y no imaginarse que el es un “selecto elegido”. “Jesús solo quiso romper las falsas seguridades de los que se ven como los elegidos o los selectos”.

Son momentos de recordar la parábola de Jesús y su advertencia. Es una insensatez dejar que se apague ”el aceite de nuestras lámparas” La luz que tiene que arder son las obras. El aceite que alimenta la llama, es el amor. La parábola hace especial hincapié en la inutilidad de una espera que no va acompañada de una actitud de amor y de servicio. Y recordemos siempre, que nadie puede transformar nuestras comunidades como Jesús.

 

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