Domingo, 03 Septiembre 2017 11:07

XXX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO A, 29 DE OCTUBRE DE 2017

Lecturas dominicales

En el evangelio de este Domingo XXX del Tiempo Ordinario, los fariseos quieren saber de Jesús cuál es el mandamiento más grande de la ley. En los domingos anteriores, diversos grupos religiosos se han ido enfrentando a Jesús, y no han salido bien parados. En los versículos anteriores, para poner a prueba a Jesús, los saduceos habían hecho una pregunta sobre la fe en la resurrección, pero fueron duramente rebatidos por Jesús (Mt 22,23-33). Ahora, son los fariseos los que pasan al ataque, enviando a un especialista, un doctor de la Ley, como portavoz, que le plantea la pregunta sobre el mandamiento principal: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?” En aquel tiempo, entre los judíos, se discutía mucho sobre este tema. Se trataba de una cuestión polémica.

En aquel tiempo los judíos tenían una cantidad muy grande de leyes, normas, y costumbres, grandes y pequeñas para regular la observancia de los Diez Mandamientos. Para comprenderlo mejor, debemos recordar que la antigua sinagoga contaba con 613 mandamientos (365 prohibiciones y 248 preceptos), que se dividían en fáciles y difíciles: fáciles, los que exigían poco esfuer­zo; difíciles, los que exigían mucho esfuerzo (como honrar padre y madre) o ponían en peligro la vida (la circuncisión). Generalmente se pensaba que los importantes eran los difíciles, y entre ellos estaban los relativos a la idolatría, la sexualidad, el asesinato, la profanación del nombre divino, la santificación del sábado, la calumnia, el estudio de la Torá.

Era urgente poner orden entre ellos, los rabinos discutían en reuniones interminables, en torno a dos mandamientos de la ley de Dios. Unos decían: “Todas las leyes tienen el mismo valor, tanto las grandes como las pequeñas, porque todo viene de Dios”. Otros decían: “Algunas leyes son más importantes que otras y por lo tanto más obligatorias”. Y aunque algunos opinaban que el sábado era el más importante, en general estaban de acuerdo en reconocer como precepto fundamental y primero el “amor a Dios”, hasta el punto que lo recitaban dos veces al día.

Los fariseos quieren saber la opinión de Jesús sobre este polémico tema, volviendo a la carga le preguntan: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?” Como ya hemos visto la pregunta no era tan sencilla, unos defendían que guardar el sábado era la primera obligación de todo israelita, otros defendían el amor al prójimo como el principal. Pero a nadie se le había ocurrido que el principal mandamiento, “eran dos”.

La respuesta de Jesús es muy conocida entre los cristianos: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser”. Este es el más importante. Luego añadió: El segundo es semejante a éste: “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Y concluyó con esta afirmación: “En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas”. Dicho con otras palabras, ésta es la puerta para llegar a Dios y al prójimo. No existe otra.

Mateo y también Marcos, nos dice que Jesús responde recitando la "shemá Israel" (“Escucha, Israel”), que todo israelita piadoso recitaba dos veces cada día (Dt 6, 4-9); pero añaden una referencia el (Lev 19,18), que prescribe “amar al prójimo como a ti mismo”. La “shemá” era una plegaria bastante conocida entre ellos, como lo es hoy para nosotros el Padre Nuestro”.

En el evangelio de Lucas, Jesús le dice al letrado: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?”, y es el maestro de la Ley el que responde exactamente lo mismo (“Amaras al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. Y a tu prójimo como a ti mismo”).

En el evangelio de Juan escrito veinte años mas tarde que los sinópticos, esta mucho más claro y dice; Jesús da un solo mandamiento nuevo: "Que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros" (Jn 13,34). Esta es la novedad de Jesús. Es el mandamiento nuevo. El doble pero único mandamiento, el amor a Dios y al prójimo, se convierte en los cimientos, no sólo de las Escrituras, sino también de la vida del cristiano.

¿Qué hay que entender por “amor a Dios”? ¿Cómo se puede “amar” a alguien al que no es posible comprender ni ver?

A Jesús la preguntaron solo por el “primer”mandamiento. Pero Jesús respondió uniendo el primero con el segundo. Lo que nos quiere decir, sin duda, que el primero es inseparable del segundo. Es decir no podemos ni entender, ni practicar, lo que es el “amor a Dios”, si lo separamos del “amor al prójimo”.

El amor que exige Jesús, no se realiza con el cumplimiento de una ley. En Jesús no se trata de una ley, sino de una respuesta a lo que es Dios. El amor que pide Jesús tiene que salir desde lo hondo de la persona, no viene impuesto desde fuera. Se trata de manifestar hacia fuera, lo que Dios es en mi ser. El amor a Dios no se basa en la admiración, en el reconocimiento de su majestad. El amor a Dios es una respuesta: Amo a Dios porque me siento querido por Él. Ahí está el principio del "mandamiento", y la esencia de la Buena Noticia. En el fondo, la Buena Noticia no es más que esto: "Dios te quiere, como te quiere tu madre, pero en grado infinito".

¿Quién es el “prójimo” y que significa “amor” al prójimo?El concepto de "prójimo" es modificado por Jesús de manera sustancial. Para un judío, “prójimo” era el que pertenecía al pueblo y a lo sumo el “prosélito”. Jesús desbarata esa barrera y defiende que todos somos exactamente iguales para Dios. Jesús no pide nada para Dios. La exigencia de Jesús no es con relación a Dios, sino con relación al hombre. Nosotros los cristianos no siempre hemos sabido trasmitir esta idea de igualdad y seguimos creyendo que nosotros somos los elegidos y que Dios es “nuestro Dios“, ósea como los judíos de los tiempos de Jesús.

¿Qué relación guardan los dos preceptos supremos de amor a Dios y de amor al prójimo? La propuesta central del cristianismo, en este asunto, lo deja muy claro la primera carta de San Juan: “quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve” (1Jn 4,20). Quien acoge y escucha o rechaza a un ser humano, “a quien acoge, escucha o rechaza es a Dios”(Mt 10,40;Mc 9,37;Mt 18,5; Lc 10,16;9,48;Jn 13,20) Si considero inferior al otro, mi relación con él nunca será de amor. Desde esta perspectiva, ¿a dónde se van todas nuestras "caridades"? Lo que nos pide Jesús es que quiera para los demás todo lo que estoy deseando para mí.

Son muchas las personas que quieren saber qué es lo que nos define como buenos cristianos. Algunos dicen que esto consiste en estar bautizado, rezar e ir a misa los domingos. Otros consideran que consiste en practicar la justicia y vivir la fraternidad. Y para ti ¿qué cosa es lo más importante en la religión y en la vida de la Iglesia? La afirmación de Jesús es clara. El amor es todo. Lo decisivo en la vida es amar. Ahí está el fundamento de todo. Lo primero es vivir ante Dios y ante los demás en una actitud de amor. No hemos de perdernos andando por las ramas con cosas secundarias, olvidando lo esencial. Del amor arranca todo lo demás. Sin amor todo queda degenerado. Por eso añade Jesús un segundo mandamiento. No es posible amar a Dios y vivir de espaldas a sus hijos e hijas.

 

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