Miércoles, 09 Agosto 2017 08:17

XXVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO A, 8 DE OCTUBRE DE 2017

Lecturas dominicales

El texto del evangelio de hoy lo coloca el evangelista Mateo en medio de otras dos parábolas, “la de los dos hijos” (Mt 21,28-32) (el hijo que dijo sí y no fue a la viña) y la del “banquete de bodas” (Mt 22,1-14) (y los convidados a la boda que rechazan la invitación) y nos cuenta hoy la parábola de los viñadores homicidas.

Jesús se encuentra en el Templo, rodeado de un grupo de altos dirigentes religiosos, estos eran los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo que habían preguntado a Jesús con qué autoridad hacía las cosas (Mt 21,23). La elite del saber están muy preocupados por la popularidad de Jesús y hacen sus preguntas a Jesús para saber: qué tipo de autoridad se atribuye y el origen de esa autoridad. Al mismo tiempo le exigen una prueba jurídica de esa autoridad, pues no recuerdan que los profetas tengan autoridad directamente de Dios. Esta parábola está incluida naturalmente en un diálogo polémico en el que Jesús inicia la ofensiva contra los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. Por eso, con una gran audacia, pronuncia una parábola dirigida directamente a ellos. Sin duda, la más dura que ha salido de sus labios.

Ellos se consideraban los dueños de todo y pensaban que nadie podía decir nada sin su permiso. Las tres parábolas intentan mostrar que los que no han acogido la predicación y el bautismo de Juan, ahora están de acuerdo unánimemente en rechazar el último enviado de Dios, la persona de Jesús.

Jesús les responde en tres etapas: Primero les plantea una pregunta y quiere saber de ellos si Juan Bautista era del cielo o de la tierra (Mt 21,24-27) Y después les cuenta la parábola de los dos hijos (Mt 21,28-32), para terminar con la parábola de la viña (Mt 21,33-43) que es nuestro evangelio de hoy.

Una viña que simboliza a Israel, una viña que es amada y cuidada por Dios mismo, pero que, lamentablemente, no produce los frutos que se esperaban de ella. Dios espera frutos de la viña que Él ha cultivado con amor: éste es el tema que nos sirve de reflexión en este domingo.

Esta parábola nos está haciendo una clara referencia a las relaciones entre el Reino de Dios y el pueblo de Israel. El Señor compara a Israel con una viña escogida, tenía una cerca, tenía un lagar y una torre de vigilancia. Dios no ha escatimado nada para cultivar y embellecer su viña. Cada dato tiene su propia identificación: los criados, enviados por el Señor, son “los profetas”, en el texto se hace alusión a que los principales profetas fueron, por lo general, maltratados, el “hijo” es Jesús, al que condujeron fuera de las murallas de la ciudad de Jerusalén para matarlo; “los labradores” son los judíos infieles: los escribas y fariseos; el otro Pueblo al que se confiará la viña son los paganos. La ausencia del dueño da a entender que Dios confió realmente Israel a sus jefes. La conclusión es clara: se les quitará el Reino por despreciar la piedra angular y “se dará a un pueblo que produzca sus frutos”.

Por medio de esta parábola, Jesús:

“Aclara” y da respuesta a todas las preguntas sobre el origen de su autoridad: “es el hijo”, “el heredero”. Al mismo tiempo “denuncia” el abuso de la autoridad de los viñadores, esto es, de los sacerdotes y ancianos que no solamente no cuidan del pueblo de Dios, sino que lo oprimen. También “defiende” la autoridad de los profetas, enviados por Dios, pero masacrados por los sacerdotes y ancianos. Y por ultimo “desenmascara” a las autoridades que manipulan la religión y matan al hijo, porque no quieren perder la fuente de renta que consiguieron acumular para sí, a lo largo de los siglos.

¿”Qué nos dice esto a nosotros hoy”? ¿”Somos capaces de descubrir en nuestra Iglesia esa viña que ha sido plantada por Dios”?

Debemos reconocer que también hoy, Él nos envía mensajeros para comprobar si nuestro trabajo está en función del Reino o de “Nuestros Intereses”. Con la parábola de hoy nos debemos sentir advertidos, todos los que de una manera u otra, nos podemos sentir por momentos los dueños de la comunidad, más preocupados de llevar adelante nuestros proyectos que de pensar cuales son los proyectos de Dios para su Iglesia.

El estar dentro de la comunidad, área pastoral, Iglesia no nos da garantías de estar trabajando para Dios si nuestra actitud profunda no está en orden a los criterios del Reino, presentados en los domingos anteriores.

Todas las piedras pueden servir para la construcción del Reino, no podemos pensar que lo nuestro es lo mejor y lo que Dios quiere y bendice. La frontera del Reino sólo es conocida por el mismo Dios. No intentemos construir el edificio de la comunidad del Reino seleccionando nosotros las piedras, como si unas fuesen válidas y otras despreciables, lo que a nuestros ojos no es válido, puede serlo a los ojos de Dios; y viceversa.

Nuestra actitud para que sea realmente evangélica debe tener presente que los bienes de Dios pertenecen a todos los hombres, sean bienes del espíritu o bienes materiales. Puede parecer demasiado, pero quizás nos hemos acostumbrado a poseer los bienes de Dios como para que ahora renunciemos a ellos. Sin embargo se nos podrá quitar el Reino y éste será entregado a gente con más deseos de servir a sus hermanos.

Nosotros los cristianos, el pueblo y sus dirigentes podemos pensar que somos los nuevos propietarios de la viña del Señor, ya que se nos entregó a nosotros. “Nadie es dueño de la viña”. El dueño solo es Dios. Y a nosotros, lo que se nos exige es que cuidemos y cultivemos con esfuerzo esa viña. Pero, ¿reconozcamos que tenemos que mejorar bastante nuestra tarea agrícola?

“¿No habéis leído nunca en la escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”? “Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos”

Es tiempo de reflexión, pertenecer a la Iglesia y conocer a Jesús es lo mejor que nos ha pasado, pero debemos de estar atentos, abiertos y con humildad para reconocer nuestras deformaciones. No se trata de sentirnos perseguidos, sino de entrar en diálogo con otros y aportar lo que podamos, para que “todos tengan vida y vida en abundancia” y nuestro pueblo “produzca sus frutos”.

 

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