Martes, 08 Agosto 2017 18:41

XXV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO A, 24 DE SEPTIEMBRE DE 2017

Lecturas dominicales

Hoy el evangelio de Mateo nos cuenta la parábola de los obreros de la viña, una de las más expresivas donde Jesús expone el misterio del Reino de Dios, cómo debía hacerse presente y cómo era Dios mismo el que participaba en este acontecimiento que afecta a las personas que acogen su mensaje.

Esta parábola la encontramos sólo en Mateo. No la contienen los otros tres evangelios. Retrata la situación social de su tiempo, en la que los oyentes se sentían reconocidos. En este relato estamos viendo una situación característica del pueblo judío en la época de Jesús. A causa de los crecientes impuestos de Herodes y del Templo, muchos campesinos se habían empobrecido, hasta el punto de verse obligados a vender su propiedad y tener que trabajar como jornaleros.

Pero al mismo tiempo, en la historia de la parábola, nos encontramos con situaciones que nunca suceden en la realidad en la vida de la gente. Cuando Jesús nos habla del dueño, Jesús piensa en “Dios”, piensa en su “Padre”. Esto justifica que el “dueño” hizo cosas asombrosas que no suelen pasar en el día a día de la vida de los oyentes.

También hoy el evangelio va dirigido a la comunidad. Los primeros cristianos eran judíos, aunque poco a poco se fueron agregando paganos y de otras religiones. Los más veteranos, reclamaban privilegios, porque naturalmente creían haber conseguido una perfección que los neófitos no podían tener. Con esta parábola se intenta advertir a la comunidad que no es ningún privilegio haber accedido a la fe antes que los demás. Esto estaba muy insertado en el pensamiento del pueblo judío ¿”Cómo mi Dios iba a tratarlos a ellos como a los demás”?

El evangelio como el del pasado domingo, trae una larga parábola, que nos ayuda a pensar en nuestra vida cristiana. Es una parábola del Reino, Si a la del domingo pasado la calificábamos de “exagerada”, a ésta la podemos tratar de "extraña". Resulta extraño y sorprendente el proceder de Dios, representado por aquel “señor injusto" que no tiene en cuenta los sudores de todo un día trabajando en su viña.

Si pensamos en ella veremos cómo no es el proceder de Dios el que es injusto, sino que los caminos de Dios no son nuestros caminos. Las cuentas de Dios no coinciden con las nuestras. Sus cuentas son otras. Sus caminos son otros caminos distintos y distantes de los nuestros.

Si leemos los últimos versículos del capitulo 19 que nos sirven de enlace con nuestro tema de hoy vemos como Jesús acaba de decir al joven rico que venda todo lo que tiene y le siga. Pero a continuación, Pedro se destaca, una vez más, y dice a Jesús: "Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿Qué nos va a tocar? Jesús le promete cien veces más, pero termina con esa frase misteriosa: "Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos primeros”.

Y nuestra narración comienza precisamente enlazando con el dicho de Jesús de (Mt 19,30): “muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros”. Es un dicho de gran alcance y la parábola de nuestra narración viene a ilustrar eso que es tan desproporcionado sobre cómo era y como pensaba Jesús de Nazaret. En nuestra narración se dice al final la misma frase, pero invirtiendo los términos; dando a entender que la parábola es una demostración de que la frase de “marras” se hace realidad, y que nadie debe hacerse ilusiones.

Es una parábola que recuerda, en su resultado final, a la conocida (Lc 15, 11) como la del “hijo pródigo”. Se habla de la misma persona, de Dios, bien como “patrón” de una viña que busca obreros durante todo el día, bien como un “padre” que espera a su hijo y le ofrece misericordia.

Las lecturas de los tres últimos domingos han desarrollado el mismo tema, pero en una progresión de ideas interesante: el domingo 23 nos hablaba de la corrección fraterna, del perdón al hermano que ha fallado, el 24 nos habló de la necesidad de perdonar las deudas sin tener en cuenta la cantidad, hoy nos habla de la necesidad de compartir con los demás sin límites, no con un sentido de justicia humana, sino desde el amor.

Se cree que en su origen, se trataba de una parábola rabínica, ya conocida por el pueblo judío. Sin embargo, de manera sorprendente y provocativa, Jesús va a cambiar radicalmente el final de la misma. La parábola rabínica terminaba de una forma "religiosamente correcta", acorde con lo que esperaba oír un público religioso.

En la parábola rabínica que se conoce del Talmud, el obrero es uno sólo, que llega a última hora, ha trabajado tanto como los otros que han estado más tiempo empeñados en su quehacer; en la parábola evangélica, los obreros, en plural, que han llegado a última hora, no tienen mérito alguno, pero se les ha dado lo que sin duda necesitaban para su familia y para sus vidas. Es muy posible que no merecieran ese jornal, desde el punto de vista de la justicia simple y humana, pero desde la bondad de Dios han recibido "gratuitamente" lo que necesitaban.

Notamos que toda religión, en mayor o menor medida, termina siendo una religión del mérito y la recompensa: Dios nos trataría según nuestro comportamiento hacia él. Por tanto, la persona religiosa se cree con derecho a reclamar un trato de favor.

La parábola empieza por algo conocido, razonable, aceptable, y de pronto da un giro y sorprende, incluso escandaliza. Algunos de los presentes pensarían: "¡menos mal!, esos pobres podrán llevar pan a sus familias esa noche, porque el amo es generoso". Pero sin duda la mayoría tendrían un pensamiento totalmente diferente: "no hay derecho, debería pagar más a los primeros". Y ahí está precisamente el mensaje de Jesús, en esa sorpresa, porque el Reino no es simplemente razonable, porque "mis pensamientos no son vuestros pensamientos".

Naturalmente, a todo el mundo le va extrañando que mande obreros a la viña cada vez más tarde, y a última hora. Esto forma parte de "la intriga" del relato, que va atrayendo la atención del pueblo. Cuando llega la hora de pagar, viene la sorpresa. El final de la parábola nos puede dar una pista para entender el mensaje; la cuestión de "últimos y primeros", es decir, la cuestión de nuestras maneras de juzgar y valorar, y las maneras de juzgar y valorar de Dios.

Los que para nosotros son los últimos, los de la última hora, quizá sean para Dios los primeros. Los que para nosotros son los primeros, los de la primera hora, quizá sean para Dios últimos.

El mensaje de Jesús nos insinúa que los últimos en llegar son los gentiles, que van a ser igualados con Israel en la Iglesia y en el Reino. No olvidemos que este es un fragmento de Mateo, y que el evangelio de Mateo se escribe para una comunidad de procedencia judaica como ya hemos comentado anteriormente en la que sin duda podría haber resistencias fuertes a la equiparación de judíos y gentiles para incorporarse a la Iglesia. (No encontramos paralelo a este pasaje en los otros evangelistas).

Y, por encima de lo que aquéllos entendieran, lo que nos esta diciendo a nosotros es bien claro: la incorporación al Reino y la relación con Dios no es cuestión de méritos ni de justicia, es cuestión de que "el amo es bueno".

Si pensamos que nosotros, nuestra comunidad, la iglesia, los que vamos a misa los domingos somos los primeros en el Reino, y los que no conocen a Jesús ni a Dios son últimos. Si creemos que los bienes materiales son signo de la bendición de Dios, si vemos las enfermedades como castigo o como prueba, si nuestra oración consiste en pedir a Dios que colabore a que se haga nuestra voluntad por encima de la suya, “estamos lejos del Reino”.

Y la enseñanza es ésta: vosotros, los discípulos, que lo habéis dejado todo, sois los primeros si no os dormís, pero cuidado que podéis ser los últimos. Y viceversa, hay muchos últimos que, se han esforzado por conseguir el Reino descubriéndolo a ultima hora, estos pueden llegar los primeros.

La parábola nos está enseñando una única cosa, decisiva: “Así es Dios con respecto a la salvación”. Todo lo demás sobra. Este es el Dios de Jesús; este es el mensaje radical del evangelio del Reino de los cielos. Así es el Dios de Jesús, así es el Dios de “mis planes no son vuestros planes, mis caminos no son vuestros caminos”. Todos los jornaleros pudieron llevar a sus casas el pan de cada día, unos por justicia y otros por generosidad.

Una de las más inquietantes frases de Jesús es sin duda: "En verdad os digo que los publícanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publícanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis”. (Mt 21, 28-32).

Porque, confesándolo o no, nosotros nos sentimos antes que toda esa gente en el Reino de Dios.

 

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